La furia de los océanos

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Una decena de investigadores de otras tantas universidades se han encargado de estudiar el pasado y el futuro de los océanos. Así, mirando hacia atrás, el mar se elevó en el siglo XX más rápidamente que en los 3.000 años anteriores. Y, con vistas hacia el horizonte, si no se toman medidas de manera drástica, el nivel del agua podría ascender alrededor de un metro en lo que queda de siglo. 

Empleando datos de 24 localizaciones del rastro que ha ido dejando el mar en la tierra, varios científicos han publicado en la revista PNAS cuánto ha cambiado el nivel del océano en los últimos tres milenios. Para confirmar sus estimaciones, usaron 66 registros de mareas de todos los continentes, con algunos que se remontan a 1700; de hecho, con esos 300 años pudieron validar sus cálculos para el resto del periodo.

En este sentido, Robert Kopp, profesor de Ciencias de la Tierra de la Universidad Rutgers (EE.UU) y principal autor del estudio, explica que “la elevación en el siglo XX fue extraordinaria en el contexto de los últimos 3.000 años”. En concreto, y siempre con cierto grado de incertidumbre, el nivel del mar subió el siglo pasado en 14 centímetros: la cifra puede parecer pequeña pero casi dobla el máximo alcanzado en 2.700 años. Así pues, más que la elevación total, lo que alarma es la velocidad con la que lo ha hecho.

El informe muestra además otro fenómeno que agrava esos 14 centímetros y es que, desde hace 2.000 años, el nivel del mar ha variado mucho con el paso del tiempo. De este modo, y hasta el siglo VIII, el océano se elevó muy lentamente, unos 7 centímetros; pero, desde entonces, y en particular a partir del año 1.000, el agua no dejó de descender hasta repuntar en el siglo XIX.

Las variaciones responden, según los autores del estudio, a los cambios en la temperatura media global. Así, del año 1.000 al 1.400, periodo en el que el planeta se enfrió unos 0,2º, los océanos se elevaron unos 8 centímetros. Debido a ello, el calentamiento global iniciado con la Revolución Industrial coincide con el acelerado proceso de subida del nivel del mar, una elevación que, como recuerda Kopp, “aún ha ido más rápida en las últimas dos décadas”.

CALENTAMIENTO GLOBAL

Un segundo trabajo, también publicado en PNAS, mira hacia el futuro. Partiendo de la evolución del nivel del mar, investigadores del Instituto para la Investigación del Impacto Climático de Postdam (PIK, Alemania) y del español Instituto de Geociencias del CSIC, han proyectado hasta dónde subirán las aguas en lo que queda de siglo empujadas por el aumento de la temperatura, fruto del calentamiento global.

A este respecto, y aún si se lograran los objetivos de reducción de emisiones firmados en la Cumbre de París, el nivel del mar se elevará entre 20 y 60 centímetros, siendo del todo optimistas ya que, en el caso de que no se cumpla con lo acordado en la capital gala, los océanos podrían elevarse entre 85 y 130 centímetros. “Con tantos gases de efecto invernadero ya emitidos, no podemos impedir que los mares se eleven, pero podríamos reducir sustancialmente el ritmo al que suben si dejamos de usar combustibles fósiles”, sostiene el investigador del PIK y coautor de la investigación, Anders Levermann.

Igualmente, el estudio subraya las principales fuentes del aumento del nivel del mar. En primer lugar, los investigadores tienen en cuenta la expansión térmica. En otros términos: al aumentar la temperatura, las aguas se calientan y el agua más caliente se expande. Como consecuencia, este fenómeno aportará entre 15 y 19 centímetros para el año 2.100, dependiendo del escenario de emisiones que se haya logrado para entonces.

Por su parte, el deshielo de los glaciares de las grandes cordilleras podría aportar hasta 11 centímetros de elevación marina; y sin olvidar que, en el peor de los casos, Groenlandia podría añadir otros 27 centímetros debido a la pérdida de parte de su masa helada. En relación a la Antártida, los investigadores reconocen tener más difícil modelar su evolución, pero barajan una horquilla de aportación de entre 6 y 13 centímetros. Con todo, los orígenes del aumento del nivel del mar parecen compartir el mismo problema: el calentamiento global.

EL MAR COMO AMENAZA

Hasta 1993, Fuvemeh, una aldea africana situada al sudeste de Ghana, ubicada entre el océano Atlántico y el río Volta, era una próspera comunidad de 2.500 habitantes que vivía de la pesca y de varias plantaciones de cocoteros encajadas entre el océano y las viviendas. “Desde mi casa no se veía el mar”, asegura el pescador Buabasah. “Tenía que cruzar el palmeral y después un monte para llegar a él”.

Pero en las últimas dos décadas, según aseguran los expertos, “el cambio climático y otras actividades humanas han derivado en una mortal combinación de aumento de temperaturas, subida del nivel del mar y erosión costera. Y todos estos factores se han agravado significativamente desde 2.005. De manera gradual pero inexorable, el océano empezó a tragarse cientos de metros de costa, para después absorber los cocotales y la primera fila de viviendas”.

“Los que vivían más cerca del agua demolían sus viviendas y después las reconstruían más lejos de una línea costera en constante avance tierra adentro. Pero ahora la franja de arena no mide más de 300 metros y los habitantes de Fuvemeh no tienen espacio para retirarse más allá; de hecho, el problema que sufre este pueblo es un avance de lo que todo el mundo podría experimentar si no se restaura el equilibrio entre las actividades humanas y la naturaleza”.

Espoleado por unas temperaturas planetarias más cálidas, el ascenso del nivel del mar está obligando al lecho oceánico a reajustarse retirando sedimentos de la costa y arrastrándolos lejos de la orilla, lo que provoca una erosión marina capaz de devorar docenas de metros de tierra firme al año, añaden los entendidos.

RESPETO CON EL MEDIO AMBIENTE

Para Kwasi Addo Appeaning, profesor del Departamento de Ciencias Marítimas y Pesqueras de la Universidad de Ghana, “en África Occidental, las infraestructuras y las actividades económicas se agrupan a lo largo de la región costera, de modo que la subida del nivel del mar amenaza nuestras fuentes de ingresos y nuestra existencia misma. Estamos sobre una bomba de relojería”. Concretamente, la Unión Económica y Monetaria de África Occidental predice que la subida en la región será mayor que la media del planeta a finales de siglo.

Desde otra perspectiva, las mismas fuentes ponen de manifiesto que “el cambio climático no se conforma con barrer casas, templos y campos: también está devorando el sustento, el patrimonio cultural y el tejido social de comunidades enteras. Más aún, el aumento de las temperaturas ha provocado la migración de los bancos de peces, arruinando a los pescadores locales, mientras la erosión y la salinización agotan el suelo cultivable y contaminan las reservas de agua dulce. Además, cerca de Fuvemeh, los lugares de desove de las tortugas marinas están desapareciendo, al tiempo que el número de delfines, tiburones y ballenas no cesa de disminuir”.

Con el objeto de intentar mejorar la difícil situación, algunas de las opciones más viables pasarían por optimizar la gestión de la costa, la reconstrucción de las infraestructuras lejos del mar y el reasentamiento de las comunidades que corren más peligro. Pero aparte de la intervención directa, los expertos coinciden en que no será posible encontrar una solución duradera sin un profundo replanteamiento del modelo de desarrollo. “Nos creemos civilizados porque hemos llegado a la luna, pero no habremos hecho nada hasta que no encontremos una forma de vivir en paz con el medio ambiente”, concluyen en África.

Foto: EFE

Susana Gil Rodríguez

Autor

Susana Gil Rodríguez

Licenciada en Ciencias de la Información, Rama Periodismo (Universidad San Pablo CEU de Madrid). Redactora en múltiples medios periodísticos de índole nacional e internacional

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