A maior bomba do mundo

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Hacia una nuclearización a escala mundial. Supuestos de un Brasil nuclear

América Latina en su tradición de aversión al conflicto, o la infrecuencia de los mismos, se configuró como una zona en la cual las carreras armamentistas no tuvieron lugar predominante en las últimas décadas. El último antecedente de conflicto que escaló en una guerra entre dos países sudamericanos fue la Guerra del Pacífico que se dió entre Chile contra los aliados Bolivia y Perú en los años 1879 hasta 1883. Con respecto a un despliegue de tropas por la amenaza de un homólogo se advirtió en el conflicto de Colombia en 1995 pero este no escaló a mayores. Esto marca un contexto de ausencia de conflictos directos entre Estados de la región durante más de 130 años. 

Tal como lo señala Domínguez (2003) para los estándares internacionales, las Américas estuvieron bastante libres de guerras durante el siglo XX. En su mayor parte los latinoamericanos no temen agresiones de sus vecinos. No esperan que sus países entren en guerra entre sí y se sorprenden cuando estalla violencia interestatal en la frontera. El hemisferio es señalado por la relativa infrecuencia de guerras, los conflictos que se ven aplacados, pero que aún no se ha llegado a una resolución no conllevarían a un conflicto directo y el escaso empleo de las fuerzas armadas pueden  determinar aspectos de las relaciones bilaterales latinoamericano.  

Si se toman los datos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), los paises de Sudamerica tienen un porcentaje de 1.58 de su PBI destinan tan solo al gasto militar, esto refuerza la noción de que en dichos países no se gestan y desarrollan una partida presupuestaria para un plan en el que se incluya el gasto en el ámbito militar. Donde los supuestos conflictivos entre países son casi inexistentes, parece ilógico un programa de gobierno que incluya en su agenda un plan de reforzamiento de las fuerzas o de la infraestructura que está representa.

En Sudamérica la disuasión no se toma en cuanto al poder militar que pueda tener el país vecino, si no se optan por mecanismos en el cual incluye presiones económicas, diplomáticas y políticas. 

A pesar de esto, se ha reabierto el debate que sentó las bases de un sin fin de voces contrapuestas con respecto al desarrollo y la posesión de armamento nuclear en la región. Particularmente uno de los hijos de Bolsonaro que representa una configuración tripartita en la política interna pero más importante en el ámbito internacional.

El asesor del mandatario de la nación del orden y progreso defendió la postura de que Brasil necesitaría tener una bomba nuclear para poder configurar un nuevo orden regional donde se pueda “tomar en serio” a la postura del país carioca.

Brasil se mantuvo como el poder regional más predominante en la región, este mantuvo relaciones bilaterales y multilaterales con la mayoría de los países y actualmente con la administración Bolsonaro en la cabeza del poder Ejecutivo, y su relación de fraternidad con los Estados Unidos, los posicionan como el gran modelo en Sudamérica. En esta línea, la nación se estableció como el garante de las relaciones entre los países latinoamericanos generando así un sistema sudamericano estable en el área política económica y militar. 

Tomando un análisis comparativo entre Brasil Argentina y Chile. En primer lugar se ve la capacidad militar de los Estados: 

CAPACIDADES ABSOLUTAS

BRASIL

ARGENTINA 

CHILE

Miembros Activos 

333.500

75.000

77.000

Miembros de Reserva

1.800.000

40.000

Tanques 

469

390

300

Aeronaves

725

262

293

Presupuesto de Defensa (USD)

24.500 millones 

4.330 millones 

5.483 millones 

Fuente: SAGER : Todavía o mais grande 

Es claro que el poder  militar de Brasil lo posiciona como el actor más importante de la región, y es por ello que, en ambos ámbitos, cumple un rol predominante en la política y estabilidad de Sudamérica.    

En un sistema internacional donde los cisnes negros y la imprevisibilidad es la que impera a la hora de poder concebir las identidades e intenciones de los países vecinos, que Brasil se plantee como un país con posesión de armamento nuclear implica la reestructuración de los planes de gobierno de los países vecinos y de la región.  El supuesto de la obtención de armamento nuclear por parte del país hermano supone una amenaza al sistema de pesos y contrapesos de la estabilidad regional. En este sentido la bomba nuclear rompería con una tradición en la cual los supuestos conflictivos son inexistentes, y posicionará al Estado con la capacidad de comandar las intenciones sin restricciones a sus ambiciones. Las relaciones y las percepciones de los Estados, se estructurarían en la capacidad que tiene Brasil en transformar en cenizas toda la estructura nacional de alguna nación que se le oponga. 

Brasil, con sus capacidades económicas, su poderío y legitimación a nivel regional e internacional no tendría inconvenientes para adquirir armamento nuclear. Pero de esto se desprenden dos cuestiones; ¿existe la posibilidad de que algún país, en este caso Estados Unidos, equipe a la nación del carnaval? o por otro lado ¿Brasil tiene las capacidades y condiciones  para desarrollar por sí solo tecnología nuclear de uso dual y así la consolidación de un plan para la confección de una bomba nuclear? 

En primer lugar, más allá de la relación “estrecha” y la admiración de Bolsonaro con Trump no implica una correlación que pueda dar noción de un supuesto Brasil nuclear, pero el acercamiento y la posibilidad de que el Estado entre en la OTAN implica que Trump le imprime un rol relevante en la seguridad regional e internacional y que supone una comunicación fluida en concepto de defensa nacional. En segundo lugar Brasil tiene una gran estructura nuclear, cuenta con 3 plantas y una en desarrollo desde el 2017, estas están destinadas al uso pacífico, destinadas a la energía, la medicina y la agricultura. Pero esto no deja de preocupar a la White House, donde ven con recelo las proyecciones que el mismo Bolsonaro ha advertido de impulsar un plan para el desarrollo de la energía nuclear y con los dichos anteriores, las alarmas de la administración Trump han sonado. 

Todos los países de la región han firmado tanto el Tratado de No proliferación Nuclear y en específico el Tratado de Tlatelolco, estos dos imponen una serie de condiciones para la producción de energía nuclear y el segundo en especifico planea una desnuclearización de los paises de Sudamerica como del Caribe. Se debe hacer un asterisco en el TPN, Brasil no no firmó el protocolo adicional del acuerdo, que amplía los poderes de control, que se le da potestad a la Organización el libre acceso a todos los lugares con actividad nuclear, a cualquier hora, siempre que haya una sospecha, de modo que los inspectores puedan investigar todas las instalaciones. Los brasileños no firmaron ese protocolo, lo que significa que las autoridades de Viena sólo pueden visitar las instalaciones declaradas.

El hecho de que se abra el debate de un supuesto Brasil poseedor de armamento nuclear, implicaría ir en contra de todo un sistema internacional de salvaguarda que protegen al Sistema Internacional. 

En política es poco prudente hacer proyecciones, pero se puede concebir que en un futuro donde la bomba nuclear penetre en una zona donde la pacificación y la hermandad latinoamericana se postulan como principios rectores de las relaciones entre los Estados, conlleva un supuesto donde ya los vecinos no podrían predecir las identidades e intenciones.

El postulado nuclear plantea un replanteamiento, en el cual las agendas de los Estados buscarán la equidad entre sus capacidades desiguales en materia de su defensa y sus configuraciones identitarias entre los mismos. Por eso la nuclearización de la región establecería un camino en el cual los Estados se emprenderán en una carrera que puede llevar a la autodestrucción.  

Alejo Sanchez Piccat

Autor

Alejo Sanchez Piccat

Estudiante de Gobierno y Relaciones Internacionales - UADE

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