Borrón y cuenta nueva

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Al asumir Bolsonaro como presidente de Brasil (y desde antestambién, con la presidencia de Temer) se puede ver un claro cambio en la política exterior de Brasil, que se convirtió de spoiler a supporter del Sistema Internacional, retomando (y mejorando) las relaciones bilaterales con Estados Unidos.

Históricamente Brasil fue visto como un aliado estadounidense que se encarga de mantener el orden en Sudamérica. Al estar en la tercer periferia en términos de Russell y Calle (2008), la importancia que le da Estados Unidos al Cono Sur varía según sus necesidades en cuanto se refiere a su política exterior. Esto es así debido a que, al estar geográficamente lejos, Sudamérica no representa una amenaza directa a la seguridad de Estados Unidos y es por eso que delega el control del orden en la región a Brasil. Sin embargo, durante más de una década ha mantenido relaciones conflictivas con dicho país bajo las presidencias de Lula da Silva y su sucesora, Dilma Rousseff.

Bajo el mandato de los ex-presidente anteriormente nombrados, Brasil presentó un crecimiento económico repentino que le abrió las puertas para formar parte del de los Grandes Poderes.

Schweller en su escrito “Emerging Powers in an Age of Disorder” (2011) encasilla al Brasil de entonces como un poder emergente del tipo spoiler. Esto lo hace basándose en el comportamiento de los mandatarios de dicho país a partir del 2001, cuando declinan el ofrecimiento de G. W. Bush de formar parte de un G7 extendido, alegando que el costo de semejante responsabilidad internacional era demasiado alto.

A partir de entonces, con la asunción de Lula da Silva en 2002, la política exterior del país carioca mantuvo un discurso anti- Estados Unidos, alegando que el país norteamericano ya no era necesario en la región, presentando así, un modelo de política exterior de Oposición Limitada (R. Russell y J. Tokatlián, 2007). Este propugna una política mixta hacia Estados Unidos en la que se combinan desacuerdo y colaboración, percibiendo a dicho país como una Estado con poder dual (el de amenaza y el de oportunidad). Brasil, al presentar una condición de país con aspiración de liderazgo regional y proyección extra-hemisférica, compite con Estados Unidos pero necesita su respaldo a las aspiraciones de un papel más activo en la política y economías internacionales.

Haciendo hincapié en la cooperación regional y en la cooperación Sur-Sur con los BRICS, Brasil mostró una alineación ideológica más cercana a China y Rusia, demandando autonomía política y evitando relaciones de dependencia asimétricas, intentando así, cortar el cordón umbilical con los Estados Unidos.

Con el juicio por la causa Lava Jato a Lula y el impeachment a Dilma Rousseff que la destituyó del poder, esta relación conflictiva con el país norteamericano cambió 180°. Al asumir Temer se vieron grandes cambios, tanto en el discurso como en la política exterior, que estimaba que la ayuda de los Estados Unidos era clave para sobrepasar la crisis económica y política en la que se encontraba envuelta Brasil en el 2016.

Esta visión pro estadounidense es más bien pragmática. Según datos proporcionados por el Observatory of Economic Complex, Brasil exportó en 2018 un total de 239.9 mil millones de dólares, de los cuales más de 25 mil millones fueron ventas a Estados Unidos, representando un 11% de la totalidad. A su vez, el 15% de las importaciones del país lusitano son provenientes del país anglosajón, siendo los principales productos medicamentos envasados y petróleo refinado, productos clave para la economía y la salud del pueblo brasilero. En cuanto a lo militar, hasta 2018, Brasil fue el principal comprador de armamento norteamericano, compras que aumentaron a partir de 2016.

En junio de 2018, el presidente Temer recibió la visita del vicepresidente norteamericano Mike Pence. En dicha visita se trató principalmente la crisis humanitaria en Venezuela y luego de visitar el centro de refugiados en Manaos, anunció que su país “colaboraría con Brasil en todo lo que sea necesario para restaurar la democracia en Venezuela”. Además de esto, se lograron acuerdos sobre seguridad social y en cuanto a cooperación para vuelos espaciales y exploración del ultraespacio.

A su vez, con la visita del Secretario norteamericano de defensa, James Mattis, Estados Unidos muestra nuevamente su voluntad para estrechar las relaciones con Brasil. Al realizar una visita a la escuela de guerra brasilera, aseguró que dicho Estadol era “un aliado con el cual compartía valores políticos” y que la cooperación del país carioca era clave para Estados Unidos, sobre todo en lo referido a África, debido a su valor estratégico. En una entrevista exclusiva para la DSCA (Defense Security Cooperation Agency) declaró que la visita se centraría en “escuchar las necesidades de las fuerzas brasileras y aunar fuerzas para que sean cubiertas lo más pronto posible, como así también intensificar el programa Super Tucano”, el cual se basa en la compra de los aviones brasileros A-29 y A-29B que luego son transportados a Afganistán.

Con la asunción de Bolsonaro, el modelo de política exterior cambia. El modelo adoptado por el gabinete del nuevo presidente es un híbrido entre el Acoplamiento y el Acomodamiento descrito por Russell y Tokatlián (2008). Se puede decir que presenta características de acoplamiento porque su política económica busca seguir principios más ortodoxos y adopta como Norte de las políticas internacionales a Washington,es por esto que Bolsonaro amenazó con salir del Acuerdo de París y estableció el traslado de la embajada brasilera en Israel hacia Jerusalén. A su vez, también presenta características del modelo de Acomodamiento ya que Brasil le sigue dando importancia a la región, sigue buscando una cooperación con los miembros del Mercosur y hay ciertas políticas en las que se encuentra en discordia con Estados Unidos (por ejemplo, el rechazo de permitir la presencia y participación de tropas norteamericanas en la frontera con Venezuela).

Entonces, siguiendo la lógica del modelo híbrido mencionado anteriormente, se aprecia un afianzamiento en la relación Brasil-Estados Unidos. Al salir de la UNASUR y al adoptar políticas más cercanas al estilo actual del presidente anglosajón, Norteamérica vuelve a ver en Brasil un socio clave en Sudamérica, tanto en lo económico como en lo militar. A su vez, la elección de Washington como primer destino presidencial de Bolsonaro demuestra la voluntad favorable de este para estrechar las relaciones con el presidente republicano y dejar de lado la costumbre progresista y multilateralista que había adoptado Brasil en las presidencias a cargo del PT.

Como se mencionó anteriormente, Brasil se tornó una pieza importante para la política exterior norteamericana, quienes defienden a Brasil como un estabilizador en el Cono Sur, cumpliendo su rol de potencia regional, a favor de los intereses norteamericanos. Es por esto que Trump decidió sobornar a Brasil en términos de Walt (1985) para profundizar las alianzas que ya tenían.

¿Cómo, concretamente, sobornó Trump a Bolsonaro? Primeramente, asegurándole apoyo al país carioca para convertirse en aliado extra OTAN, lo que le permite recibir excedentes militares del Pentágono y participaría en maniobras conjuntas y operaciones de entrenamiento con las fuerzas estadounidenses, además de otorgarle un mayor estatus en el sistema internacional. A cambio, Brasil le concede el uso del centro de lanzamiento en Alcántara, en el Estado de Maranhao, en donde podrá lanzar tanto satélites como dispositivos misilísticos de corto y medio alcance para el transporte de armamento. La ubicación del centro de lanzamiento es muy importante estratégicamente hablando, ya que al encontrarse cerca de la línea del Ecuador, el lanzamiento ahorraría un 30% de combustible.

En cuanto a lo económico, Estados Unidos aseguró que apoyaría la candidatura de Brasil para ingresar a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) lo que le daría un mayor estatus en el sistema internacional, pero más importante, le concedería al país de habla portuguesa una mayor participación tanto en el Banco Mundial como en el Fondo Monetario Internacional. A cambio, Brasil accedió a comprar un cupo anual de 750.000 toneladas de trigo estadounidense sin cobrarle aranceles al Estado anglosajón (es decir, accedió a realizar una compra por fuera de las reglas del Mercosur, que establece que los cereales comprados fuera de dicha organización deben tener un arancel del 10%, mostrando una clara actitud de acoplamiento hacia el Estado norteamericano).

Es así como Brasil se transformó de ser un Spoiler del actual sistema internacional a ser Supporter de este, ya que al dejar de lado el discurso revisionista y adoptar el estilo de Trump para hacer política, Bolsonaro vuelve a buscar en Estados Unidos un aliado económico y a su vez, procura reforzar sus relaciones militares. A cambio, el país del eterno carnaval asegura cumplir su rol como potencia regional y se compromete a asegurar la gobernanza de Estados Unidos en Latinoamérica, ya sea por pragmatismo o por similitudes ideológicas o prácticas entre Trump y Bolsonaro.

Dana Sager

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Dana Sager

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