Crimea, a un año de la anexión

Sin comentarios

Un año ya ha pasado. Las malas condiciones y las promesas sin cumplir en Crimea son la otra cara de los grandes beneficios rusos de una maniobra que recuerda las épocas de la guerra fría. 


El resultado fue contundente. Cuando hace poco mas de un año atrás se llevó a cabo el referéndum entre los ciudadanos de Crimea para decidir sobre el destino del territorio, el 97% de la población votó por el “si” a volver a formar parte de la Federación de Rusia, a quien muchos consideraban la “madre patria” de Crimea.

La anexión de Crimea, fue uno de los movimientos más decisivos llevados a cabo por Rusia contra el modelo de sistema internacional que Estados Unidos pudo construir luego del colapso de la Unión Soviética y con ella el fin de la Guerra Fría. De esta manera, con el paso del tiempo, las versiones que aseguraban que la anexión de la península respondía más a los intereses geopolíticos y estratégicos de Rusia, que, tal como su presidente Vladimir Putin afirmaba, a la búsqueda de protección de los ciudadanos ruso parlantes que habitaban Crimea, comenzó a tomar más fuerza y finalmente, en la actualidad, descansa en hechos fácticos. Atrás quedaron las promesas que se le hicieron al pueblo de Crimea. En la actualidad, las mejoras en la vida cotidiana son prácticamente nulas, y, más aun, en muchos aspectos la vida diaria se ha visto perjudicada por la anexión. Los supermercados comienzan a sufrir dificultades para abastecer sus góndolas, al mismo tiempo que las compras se ven también perjudicadas por la prohibición de usar tarjetas occidentales para realizar pagos dentro del territorio de Crimea; a esto es necesario sumarle el alza de precios, debido, en gran parte, al aislamiento al que es sometida la península por parte del sistema internacional desde la anexión.

Los turistas ya no son moneda corriente como supieron serlo hasta poco tiempo antes de la anexión, el número de turistas que visita Crimea cayó a la mitad en 2014, en comparación con 2013,  según el gobierno de la península; a esto se le suma que el aeropuerto de Simferopol ya no es destino de los vuelos provenientes de Europa o Asia como lo era antes, sino que estas escalas ya casi no existen, ya que los vuelos se unen directamente con las ciudades más importantes de Rusia. Por otro lado, las conexiones con Ucrania están totalmente interrumpidas y en la actualidad solo se puede acceder a Crimea por territorio ruso. Los extranjeros se han vuelto algo tan poco común en la península que podría incluso compararse con la época en la cual formaba parte de la Unión Soviética.

La transición, dejo a su paso también, un caos burocrático que hoy se traduce en problemas con los registros de bienes raíces, nuevos códigos que se aplican a la población, pasaportes, etc. Incluso a un año de la anexión no se han realizado de manera total los cambios telefónicos.

Así es que, domésticamente hablado, el balance de la anexión, a un año de la misma, no parecería ser muy positivo, no solo han cambiado las banderas, el huso horario e incluso la morfología de la ciudad, un claro ejemplo de esto es el mural en el aeropuerto de Simferopol, que muestra al presidente ruso vestido con uniforme militar, caminando hacia el mar, con el Kremlin de fondo, sino que poco  a poco, algunas dificultades se han ido sumando a la vida de quienes aún hoy habitan la península. El aislamiento internacional a partir de las sanciones comienza a hacerse notar cada vez más a pesar de que se intente negarlo incluso con suvenires del presidente Putin insultando a Obama.

Ahora bien, en cuanto a la política internacional, el balance de la anexión demuestra ser mucho más positivo, para Rusia claro. La anexión de Crimea ha permitido la proyección del poder militar ruso hacia Europa, y el resto del mundo, a través de vías marítimas. En este punto cabe destacar que, hasta la anexión de Crimea, las salidas al mar con las que contaba Rusia eran muy escasas, más aun teniendo en cuenta que muchas de ellas son navegables solo durante una parte del año debido al clima adverso característico de la región.

Retomando, Crimea no solo le ofrece una salida al mar directa durante los 365 días del año, sino que le da acceso total dentro de su territorio, a una de las bases militares rusas más importantes con las que cuenta la Federación, la base ubicada en el mar negro, mas precisamente en Sebastopol. Importante no solo por ser de las bases más antiguas rusas, de importancia simbólica a través de la historia bélica del país, sino, y fundamentalmente, importante por su ubicación estratégica.

A un año de la anexión, el territorio de Crimea ha sufrido una creciente militarización por parte del gobierno ruso, incluso advertida en varias oportunidades por el mundo occidental que aun hoy considera como ilegal la anexión de Crimea. Tanto la Unión Europea como puntualmente altos funcionarios de la OTAN, han hecho hincapié en la preocupación que les genera la creciente militarización de la región, y han instado a Rusia a rever el proceso que está llevando a cabo, pero sin obtener respuestas positivas por parte de dicho país. Se ha usado el territorio para aumentar la presencia rusa en la región, y particularmente para aumentar la presencia rusa frente a la OTAN en la región.

La idea de Rusia de volver a competir de igual a igual con Estados Unidos como las potencias más relevantes del sistema, ha rondado la política de Rusia desde el fin de la guerra fría, cuando  se vio profundamente humillada en el sistema internacional. Hoy, con Vladimir Putin al frente, Rusia cree tener la capacidad suficiente para ofrecerle al mundo una alternativa al “mundo libre” y lo cierto es que Occidente, y principalmente Estados Unidos no puede subestimar la idea de un enfrentamiento directo con Rusia, ya que ambas partes poseen armamento nuclear, y como dejó muy en claro el presidente Vladimir Putin en su reaparición en los medios estaba dispuesto a utilizar arsenal nuclear, de ser necesario, en la anexión de Crimea, por lo que es esperable que esté dispuesto a utilizarlo en cualquier conflicto a futuro.

Rusia no es, aun, una superpotencia global como supo serlo durante la Guerra Fría, pero si tiene la vocación de gran potencia, su líder actual la ambición de volver a serlo y Crimea, el escenario perfecto para demostrar el creciente poder ruso, a la región y al mundo.

Julieta Agostina Martinelli

Autor

Julieta Agostina Martinelli

Lic. en Gobierno y Relaciones Internacionales (UADE)

Up Next

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.