El consumismo y la obsolescencia programada, instrumentos para el subdesarrollo

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Para que un sistema prevalezca como necesario, armar una estructura que apoye la existencia de tal sistema es tan importante como crear de manera ficticia que el único camino para alcanzar el desarrollo es dejarse ser absorbido por dicho sistema. Esta funcionalidad ha prevalecido con los años y se ha reinventado según el contexto histórico en el que se desarrolla. Así es como “la salida del subdesarrollo” ha sido inventado


En un mundo aparentemente libre, con un acercamiento entre los mismos ciudadanos, se dan las relaciones económicas que Zygmunt Bauman interpreta como la existencia de la mayoría de los Estados-nación, hoy entramados en la transformación que genera el capital y el trabajo convertido en mercancía, donde se encuentran a la baja en la energía y los recursos, mantienen una pérdida como consecuencia de los capitales locales en contra de una competencia generada por la globalización; el trabajo y la materia prima, la difusión a escala global de nuevas formas de producción y comercialización, así como el déficit causado por el gasto público de aquellos Estados subdesarrollados, instrumento primordial e indispensable para la transformación del trabajo en producto o mercancía, ven amenazadas su existencia como resultado de un fenómeno programado en la vida cotidiana de las personas: el consumismo y la obsolescencia programada.

El consumismo es la degradación del consumo que genera el individuo o una colectividad, a partir de distintos modos en que la
persona acepta su rol dentro de un sistema basado en el libre mercado y la competencia desleal; a partir de ahí, la persona solamente se preocupa por mantener un estatus ficticio que el sistema crea para continuar con el ciclo de programación de necesidades creadas y consumismo desmedido. Sumado a lo anterior, la obsolescencia programada permite continuar con el ciclo de consumo, tal obsolescencia es expresada en la corta vida útil que tiene un producto que se vuelve desechable y genera la necesidad en el usuario de adquirir el mismo o un producto más reciente para continuar con la ilusoria vida que genera el capital de consumo.

Lo anterior, es el resultado de la globalización y de un sistema que mantiene bajo estos principios de relación lógica causal, la necesidad de la adhesión del sistema de libre mercado. Todo intento de estar separados de las ventajas de la globalización es casi una penuria para aquellos países que han intentado hacerlo. Debido a la evolución del sistema capitalista y a la capacidad que tiene que adaptarse al contexto histórico del que es partícipe, el intento de contrarrestar a un monstruoso sistema o el simple hecho de intentar una autarquía, es algo completamente impensable en un mundo envuelto en el resultado de tal sistema; por ello es inútil tratar de mantenerse al margen de dicho sistema. a tener un precio mucho más alto que lo que costaría adaptarse a la globalización.

La distracción que crea estar dentro de este tipo de relaciones que se encuentran auspiciadas por un mercado que necesita consumir los productos con mayor rapidez, responde a la programación de las personas en adquirir productos que no se encuentran dentro de una clasificación necesaria para mantener un nivel de vida digno. La producción de nivel masivo y la utilización de los distintos métodos de venta de los productos, hacen que el subdesarrollo sea perpetuo y continúe alimentando a quienes se sostienen en ese desarrollo. Con las actuales políticas que se realizan para “ayudar” a los países subdesarrollados, continúa la pantomima de un salida que jamás va a existir.

Daniel Contreras

Autor

Daniel Contreras

Estudiante avanzado en las carreras de Relaciones Internacionales y Sociología en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Analista sobre temas de influencia internacional referentes a América Latina.

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