El desafío al orden internacional liberal: el ascenso de China y el declive de Estados Unidos

Sin comentarios

El escenario internacional actual atraviesa una etapa de redefinición del orden global. El desafío más importante para los estadistas venideros se trata de llevar a cabo esta metamorfosis al compás de las esquivas situaciones de crisis. La historia universal ha demostrado empíricamente que la hecatombe lleva a la génesis de un nuevo orden. Puesto que el declinamiento de una potencia hegemónica y el ascenso de un gran poder constituye el plato fuerte de la disciplina, la tarea principal redunda en moldear el orden existente, incluso en situaciones de crisis, a los fines de la preservación de la paz. Ahora bien, para llenar de contenido práctico a esta construcción teórica natural al cambio del sistema político internacional, debemos necesariamente inmiscuirnos en los intereses y las grandes estrategias de sus actores principales, esto es tanto de Estados Unidos como de China. A partir de allí, podremos romper con ciertos sesgos teóricos que en miras de darle poder predictivo a sus teorías, arrastran vicisitudes inherentes a todo teorema de la ciencia social. Finalmente, haremos un breve análisis del impacto que se vislumbra en la región de America Latina, haciendo hincapié en el caso argentino.

Algunas implicancias teóricas del desafío al orden internacional liberal.

El orden mundial es la nomenclatura que describe el consenso generalizado sobre la naturaleza de los acuerdos justos y la distribución del poder aplicada a escala global. (1) Primeramente vamos a centrarnos en esta última parte de la definición. Una visión dinámica del orden, implica que el transcurso del tiempo hace surgir a un Estado disconforme con sus expectativas de beneficio, dispuesto a aventurarse en la búsqueda de un cambio en el sistema internacional.(2) Naturalmente, ese cambio que subvierte la legitimidad del sistema lleva una situación de desequilibrio, la cual se resuelve mediante el desencadenamiento de una guerra. Ante el liderazgo mundial de una hegemonía ya sea recalcitrante o morigerada, la disputa se zanja mediante un conflicto bélico, una verdadera guerra hegemónica.(3) Aquí el ala del neorrealismo ofensivo tiende a discrepar con la conceptualización de Gilpin, ya que la naturaleza anárquica de la política internacional hace que el sólo incremento del poder relativo de los grandes poderes, constituye per se motivo suficiente para desencadenar el choque de potencias.(4) El cataclismo, se produce por el centrifugamiento de los dilemas de seguridad. Paradójicamente, valga la redundancia que el centrifugado átomo nuclear es el único con la disuasión suficiente para aplacar la guerra por el poder. Es así como desde la teoría pura y dura parecería indicar que la tendencia nos lleva a una situación de irrefrenable caos entre Estados Unidos como hegémono en declive, y el auge de China como potencia en ascenso. Sin embargo, a esta primera aproximación cabe aplicarle ciertos matices.

El primer matiz viene de la propia raigambre del neorrealismo, esto es la escuela clásica. Es bien sabido en la disciplina que la Realpolitik se define como aquella política cuyo valor supremo es la prudencia. El rumbo de la política exterior es el interés definido en términos de poder.(5) Pero el poder no se plausibiliza únicamente en términos de acumulación, sino también de conservación. Hasta donde la historia ha demostrado, los usos y prácticas de la guerra soportan hasta cierto umbral de conflictividad.(6) Una breve semblanza al general prusiano Carl von Clausewitz nos indica que cuando se traspasan los fines para los cuales el medio fue creado, la guerra como instrumento de política pública pierde todo sentido, debiendo esta última limitarse al alcance de ciertos resultados. (7)

Consecuentemente, aquí cabe hacerse una segunda aserción. La guerra limitada es concomitante a cierto espectro de resultados, por lo que resulta difícilmente imaginable poder dinamitar los altos niveles de interdependencia entre Estados Unidos y China. Ni en el más afiebrado relato de un belicista recalcitrante nos representamos la falta de ponderación de la alta interdependencia económica entre estas dos grandes potencias, especialmente a la hora de elegir la vía de la guerra. Si bien esta interdependencia puede encontrar ciertas asimetrías que representan mas o menos vulnerabilidades para uno u otro bando, lo cierto es que las teorías del neorrealismo no logran explicar esta dimensión de análisis. (8)

El tercer matiz, se encuentra estrechamente relacionado con el orden internacional actual. Dado que este último no se trata de una categoría vacua de contenido, debemos asignarle sus características propias que lo distinguen de otros sistemas. Desde el neorrealismo suele decirse que los sistemas cambian pero la estructura permanece invariada. Sin embargo, aún así pueden distinguirse distintos tipos de orden. Este último puede organizarse alrededor de diferentes “polos” de poder, ya sea: unipolar, bipolar o multipolar.(9) Territorialmente puede desplegarse regional, internacional o globalmente. En cuanto a su estructura de poder, puede ser jerárquico o anárquico. En el primero de los casos, se distinguen las situaciones de hegemonía de las de imperialismo.(10) En fin, sin adentrarnos en estas disquisiciones conceptuales, podemos decir que el orden internacional actual es una mixtura entre características imperiales y liberales.(11) Lo que le da un tinte particular a la Pax americana respecto de su antecesora Pax Británica es el rol de las instituciones internacionales. Esta cualidad propia del idealismo wilsoniano nos lleva a comprender que el consenso requerido para la legitimidad de los acuerdos justos, se ha llevado a un plano institucionalizado cuyos mecanismos propios tienden a una morigeración del conflicto. La estabilidad del sistema encuentra a las instituciones como modos de reducir los retornos propios del poder cuando un marco de crisis se torna un juego de suma negativa.(12) De tal modo, el aplacamiento de las crisis mediante la negociación se produce en un marco dado por el enlace (binding) y la securitización (bonding) que ofrece un acuerdo con lógica constitucional.

Brevemente, enunciamos ciertos sesgos que arrastran teorías que vislumbran un inexpugnable choque de potencias, verbigracia, la trágica trampa de Tucídides.(13) Todo científico social muchas veces se encuentra seducido por la aplicación analógica de la historia, lo cual le da ciertas notas propias a la disciplina siempre y cuando el investigador pueda matizar las particularidades de cada caso. Es por ello, que para concluir con una visión integral que nos aproxime al eje del conflicto debemos traer a consideración las perspectivas de sus principales actores. Por consiguiente, a continuación haremos un sintético análisis del enfoque tanto de Estados Unidos como de China.

La política exterior de Estados Unidos: marchas y contramarchas.

La disyuntiva entre aislacionismo e intervencionismo ha sido uno de los grandes debates que suscitaron en el seno de la política exterior de las potencias con designios a la hegemonía. Las escisiones entre tories y whigs en el parlamento británico respecto de la necesidad de inmiscuirse o no en las cuestiones de Europa continental, se replicaron en los padres fundadores de los Estados Unidos. El espléndido aislacionismo que rezaba Washington con una proverbial retórica en su famoso discurso de despedida,(14) que mutando a lo largo de la historia. Sin embargo, el dilema al que se enfrenta la política exterior norteamericana en la actualidad, en puridad no ha variado tanto como se cree. Tanto es así que la academia y la política han conformado alianzas recíprocas ya que la encrucijada es tan simple como antitética: “Pull back (15) or lean forward (16)?” (¿Retroceder o avanzar?). De cualquier modo, la política exterior norteamericana debe reencontrarse con la misma visión a largo plazo de una perseverante Grand strategy tal como la tuvieron estadistas otrora post Segunda Guerra Mundial como George F. Kennan o Paul Nitze, en la confección de los paradigmáticos documentos históricos de la diplomacia, estos son el “Telegrama Largo” y el NSC-68.

Históricamente, la política exterior que mejores resultados le ha dado a los Estados Unidos fue circunscribiendo los asuntos militares a su esfera de influencia, pero a la vez tensando con valores morales e incentivos económicos mediante las instituciones internacionales. El aventuramiento allende su zona estratégica llevó al fracaso de la ecléctica “teoría del dominio” en Vietnam; una contención con sabor a poco en Corea y, finalmente, las costosas “guerras contra el terrorismo” en Medio Oriente. De manera opuesta, la contención hasta el límite continental europeo a través de la alianza estratégica de la OTAN fue posiblemente uno de los mayores éxitos. A su vez, toda vez que mediante bienes públicos e incentivos económicos logre un aggiornamento de la Doctrina Monroe en su esfera de influencia latinoamericana, logrará contener el desembarco de nuevas potencias en la zona. Evidentemente la no-intervención militar juega un papel preponderante a la hora de reconsiderar estas teorías, dejando de lado el “gran azote” del Corolario Roosevelt. Estimo que el aislamiento a ciegas sea notoriamente más costoso que lo esperado, fundamentalmente porque es una estrategia que choca con el último siglo de diplomacia norteamericana. Por el contrario, cuando Estados Unidos buscó zanjar disputas mediante la negociación y la cooperación no le ha ido mal al tener una asimetría de interdependencia en su favor, por ejemplo, en el caso de la política comercial con Japón(17). A su vez, una política exterior de despliegue de fuerzas a mansalva seguramente agobie no solo las partidas presupuestarias en defensa, sino que también ahondara en un sentimentalismo anti-imperialista, corriendo el riesgo de un imperial overstrech (sobre-estiramiento imperial) como antesala a la pulverización de las grandes potencias.(18)

China: ¿Hacia una nueva grand strategy?

En muchos casos desde Occidente tenemos la tendencia a categorizar conceptos desde una visión sesgada por ser culturalmente neófitos de perspectivas allende a nuestras fronteras.(19) Esta frontera geográfica se traduce en las ramas del saber como un obstáculo epistemológico, en palabras de Gastón Bachelard, tornándonos carentes de discernir sobre conocimientos aun no adquiridos por el hombre.(20) Traspolado a nuestra disciplina, se observa desde la academia el etiquetamiento de un rol a la política exterior China sobre la cual desconocemos sus milenarias percepciones. La basta mayoría de la bibliografía en la disciplina fue redactada primeramente desde una perspectiva eurocéntrica, y a partir del siglo XIX su centro de gravitación se mudó el otro lado del Altántico Norte.(21) Esto nos hace carentes de apreciar las teorías propias de fuerte tradición confuciana que posee la literatura China en la materia. Por eso, la idea es presentar ciertos conceptos que nos aclaren superficialmente el enfoque netamente sinocéntrico que arrastra la gran estrategia China.

Desde un país facilmente flanqueable dadas sus cualidades geográficas, ni una inmensa muralla ha logrando aislar a China de incontables invasiones foráneas. De tal forma se acuñó desde antaño una visión matriarcal al conflicto dotada de un prudente instinto de auto-preservación.(22) El sabiondo e ilustrado General Sun Tzu selló para la posteridad en su clásico Arte de la Guerra, la idea de que “la mejor victoria es vencer sin combatir, esa es la distinción entre el hombre prudente y el ignorante”.(23) Una prudencia dotada de cualidades confucianas propias, aportan al conflicto latente una visión multidimensional al clásico interés definido en términos de poder. Alejándose de las soluciones mediante juegos de suma cero, antropológicamente se relaciona a la visión china con una raigambre femenina del conflicto.(24) Los valores de aquiescencia (wu wei)(25) y circulamiento (encirclement) son las armas más letales en la conducción tanto del milenario juego wei qi (también conocido como “Go”) como en las prácticas y usos de la guerra. (26)

A partir de esta exigua aproximación a un punto de vista sinocéntrico del conflicto, cabe rescatar ciertas conclusiones respecto de su grand strategy como potencia en ascenso. La duda que inquieta a todo académico torna en derredor de si estaremos en presencia de una política de balancing o una de engagement.(27) Estimo que en todo caso si estaremos ante la presencia de la primera posibilidad, su despliegue será “a la China”. De hecho, del mismo modo que han podido redefinir categorías que desde Occidente se daban como apodícticas tales como “capitalismo” o “comunismo”, seguramente doten de esa misma originalidad a una estrategia que rompa con el clásico balancing mecanicista que desencadene una guerra que plantea el neorrealismo. Quienes encuentran como predilectas las teorías tucididianas seguramente deban ajustarse al pragma que atraviesen las nuevas estrategias. Solamente el tiempo podrá decir si efectivamente nos encontraremos ante un “choque de civilizaciones” a la Huntington o si, por el contrario, vamos en camino a una redefinición del orden internacional liberal.

El impacto en América Latina: Argentina, el granero de las vulnerabilidades.

¿Qué consecuencias puede tener este fenómeno para nuestra región? Los expertos en la materia aseguran que si bien America Latina se trata de una de las regiones mas seguras del mundo, hay cierta tendencia a la reconfiguración de las amenazas y la gestión de crisis.(28) La cuestión suscita aún mas complicaciones dado que se trata de la histórica esfera de influencia norteamericana desde la Doctrina Monroe, y recientemente se vislumbra una política de imbrincamiento activo de China en la región. Tanto el caso de Venezuela como el énfasis en la región a partir del Libro Blanco Chino sobre América Latina y el Caribe, hacen que los países latinoamericanos deban redefinir su reacción ante esta situación. El panorama a grandes rasgos, incluso entre las grandes potencias, es de una clara incertidumbre, por lo que resulta sumamente riesgoso llevar a cabo una diplomacia extremadamente activa respecto de este tema. En este momento histórico, y según la latencia que lleva que conflicto, lo racional parecería ser inclinarse por una “lógica de la aquiescencia”.(29) Pero esta situación que se da por la natural situación de subordinación que atraviesa hoy la región, debe llevarse a cabo en lapsos de tiempo cortos que permita redefinir el alcance de la conducción diplomática en lo que se conoce como “pequeñas grandes estrategias”. Erigir posturas de fuerte autonomía en momentos de vacilación del sistema, puede llevar no solo a la desconfianza recíproca a nivel endógeno, sino también al condicionamiento de la eventual política exterior a largo plazo llevando a un nuevo error en cuanto a toma de decisiones. (30)

A mediano plazo, el soft balancing de la autonomía puede restringir ciertos usos que la aquiescencia puede tornar abusivos. Lo cierto es que una convivencia estable con Washington es la preferencia actual de los nuevos gobiernos latinoamericanos, como lo es el caso de Colombia, Brasil, Argentina y Chile. Ello no implica soslayar los altos niveles de interdependencia asimétrica respecto de China, fundamentalmente en cuanto a las exportaciones desde el sector agro. En ese sentido, la “lógica de la aquiescencia” es la jugada “esperable” tanto por parte de Beijing como de Washington. De momento esto no ha suscitado una merma en los términos de intercambio entre la región y China, aunque nada garantiza que eso no suceda. De todos modos, una “lógica de autonomía” que permita cierto repliegue estratégico respecto de Washington y una diversificación de lazos con las dos superpotencias, llevaría a la región a correr el riesgo que in extremis lleva el caso Venezuela. Si Beijing encuentra dentro de sus intereses vitales las cuestiones que sucedan en América Latina, aumenta la reconfiguración de amenazas y la región pasaría a ser un potencial lugar de casus belli.

Un breve condimento de actualidad doméstica. Pareciera que la Argentina recapitula su tendencia histórica a exportar a mansalva ya no granos, sino grandes vulnerabilidades. A la fecha, no sólo llevamos a cuestas el empréstito con el FMI gracias al beneplácito de Washington, sino también enormes créditos concedidos por la administración de Xi Jinping para sanear nuestras reservas. A ello es necesario sumarle la concesión para la instalación de una base aeroespacial en la provincia de Neuquén. Todo ello podría llevarnos al acontecimiento único de “bidependencia”, dada por las grandes asimetrías de poder respecto de las grandes potencias.(31) Ante este panorama solo cabe ser lo suficientemente prudente para tomar decisiones de gran estrategia en el momento oportuno, sin arriesgarse por ningún accionar unilateral de patear el tablero tanto de ajedrez como de wei qi (Go)

Referencias:

1.- Kissinger, “Orden Mundial”, Debate, 2014, p.20

2.- Gilpin, “War and Change in World Politics”, Cambridge University Press, 1981 p. 10-15

3.- Op. Cit. cap. 5

4.- Mearsheimer, “The Tragedy of Great Powers Politics”, W W Norton & Company. p. 29-54.

5.- Morgenthau, “Política entre las naciones”, Grupo Editor Latinoamericano, 1986 p. 13-19

6.- Lewis Gaddis, “Cold War: a new history”, New York: Penguin Press, 2005, cap. 2.

7.- Paret, “Clausewitz”, Ministerio de Defensa Centro de Publicaciones, 1992.

8.- Keohane y Nye; “Poder e Interdependencia”, p. 21-38

9.- Ikenberry “Liberal Leviathan” p. 13-27

10.- Doyle, “Empires”, Ithaca: Cornell University, 1986, cap. 1

11.- Op. Cit p. 29.

12.- Ikenberry, “Institutions, Strategic Restraint, and the Persistence of the American Postwar Order”, International Security vol. 23 no. 3 1998

13.- Allison “The Thucydides Trap”, Foreign Policy, mayo/junio 2017.

14.- Washington, “Farewell Address”, Barnes & Noble, 2012.

15.- Posen, “Pull Back: The case for a less activist foreign policy”, Foreign Affairs, enero/febrero 2013.

16.- Brooks, Ikenberry y Wohlforth, “Lean Forward”, Foreign Affairs, enero/febrero 2013

17.- Gilpin, “La economía política de las Relaciones Internacionales”, Grupo Editor Latinoamericano, 1990, p. 383-428.

18.- Paul Kennedy, “Auge y caída de las Grandes Potencias”, Plaza & Janes, 1989. }

19.- Said, “Orientalismo”, Debolsillo, 2008.

20.- Bachelard, “La formación del espíritu científico”, AR Siglo Veintiuno, 1972.

21.- Buzan, “Non Western International Relations Theory: Perspectives on and beyond Asia”, Routledge Taylor and Francis Group, 21 2010, p. 26-51.

22.- Alfred Weber, “Historia de la Cultura”, Fondo de Cultura Económica, 1974, p. 47-56

23.- Sun Tzu, “El arte de la Guerra”, Arca de Sabiduría, 2017, p. 36

24.- Tickner, “Hans Morgenthau’s Principles of Political Realism: A Feminist Reformulation”. Millennium, 17(3), 1988, p. 429–440.

25.- Lao Tse, “Tao te king”, Ediciones Lea, 2015.

26,. Kissinger, “On China”, Penguin Books, 2011, p. 22-32

27.- Entrevista a Roberto Russell, Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, minuto 3:29-6:25. Link: https:// 27 www.youtube.com/watch?v=-N01use6r_U

28.- Battaglino, “Democracia, reconfiguración de amenazas y la paz sudamericana”, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales- Sede Académica de Ecuador, Revista de Ciencias Sociales. Num. 51, Quito, enero 2015, p. 171-186

29.- Russell y Tokatlian, “América Latina y su gran estrategia: entre la autonomía y la aquiescencia”, Revista CIDOB d’Afers Internacionals n.104, 2013, p.157-161

30.- Op. Cit. p.163

31.- Entrevista a Roberto Russell, El Cronista Global. Link: https://www.youtube.com/watch?v=c8SX4X6R5k8&t=871s

Mariano De Rosa

Autor

Mariano De Rosa

Abogado, egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP). Actualmente, maestrando en Estudios Internacionales en la Universidad Torcuato di Tella (UTdT). Diplomado en Migrantes y Refugiados de la Universidad de Buenos Aires (UBA)

Up Next

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.