La latencia del conflicto Indio-Pakistaní

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A mediados de febrero de 2019, un carro bomba conducido por un terrorista suicida de la organización islamista Jaish-e-Mohammed, mató en Awantipora a 40 soldados indios de un convoy de la Policía de la Reserva Central. Este fue el ataque más letal contra las fuerzas indias por la insurgencia opositora a este país Cachemira. India respondió bombardeando lo que identificó como un campo terrorista en la provincia pakistaní de KhyberPakhtunkhwa.

El 26 de febrero de 2019, en el distrito de Mansehra en Pakistán, doce Mirage 2000 de la Fuerza Aérea India cruzaron la Línea de control en Cachemira para bombardear un campo de entrenamiento de la organización islamista, en represalia por el ataque sufrido por el convoy atacado días atrás. Este hecho es la primera vez que la aviación india supera la línea de control de Cachemira desde la guerra indo-pakistaní de 1971, y es también la primera incursión aérea desde que ambos países adquirieron armas nucleares en los años 1990.

Para poder entender que llevó a este nuevo capítulo en la historia del conflicto, primero debemos remitirnos a los comienzos del mismo. Este conflicto tan vivo, que, si bien puede remontarse aalrededor del año 1000, tuvo como principal punto de partida la independencia de estos dos países en el año 1947, con lo que podríamos llamar el primer Brexit de la historia. En 1947, el dominio británico de India llegó a su fin con la creación de dos naciones: India y Pakistán. Cada uno de los 562 estados principescos indios se unieron a uno de los dos nuevos países: la Unión de India o el Dominio de Pakistán. Jammu y Cachemira tenía una población predominantemente musulmana, pero un gobernante hindú, era el mayor de estos estados autónomos y limitaba con ambos países modernos. Su gobernante era el rey Dogra (o Maharajá), Hari Singh, quien prefería seguir siendo independiente y trató de evitar la presión sobre él por parte de India y Pakistán, jugando a uno contra el otro.

Los musulmanes optaron por formar un Estado separado (Pakistán), con un gobierno islámico. Sin embargo, este país está muy estrechamente vinculado en un sentido histórico, social y geográfico con la India, por lo cual la separación dejó secuelas, producto del difícil trazado de una frontera mayormente religiosa. En octubre de 1947, las tribus pakistaníes de Dir entraron a Cachemira con la esperanza de liberarla del dominio dogra. Las fuerzas estatales no fueron capaces de resistir la invasión y como consecuencia de ello, el Maharajá firmó el instrumento de adhesión a la India el 27 de octubre de 1947.

Actualmente, en este subsistema, caracterizado mayormente por la división religiosa y la cercanía geográfica, operan principalmente tres poderes, dos regionales y uno global, India, Pakistán y China, respectivamente. India reclama todo el antiguo estado principesco

Dogra de Jammu y Cachemira y actualmente administra aproximadamente la mitad de la región, incluyendo la mayor parte de Jammu, Cachemira, Ladakh y el Glaciar de Siachen. El reclamo de India es disputado por Pakistán, que controla un tercio de Cachemira, la mayor parte de Cachemira Azad y las zonas del norte de Gilgit y Baltistan. Pero los pakistaníes reclaman la región controlada por India como propia en su totalidad, argumentando que la población que allí habita es en su mayoría musulmana. Por su parte, la región de Cachemira bajo control chino es conocida como Aksai Chin. Además China también controla una parte de la Cordillera del Karakórum, conocida como Valle Shaksgam, que le fué cedido por Pakistán en 1963.

El conflicto permanece vigente, y podemos suponer que no se va a solucionar en el corto plazo ya que a nivel de la unidad podemos observar que la postura oficial de la India es que Cachemira es una «parte integral» de la India, mientras que la posición oficial del Pakistán es que Cachemira es un territorio en disputa cuyo estatus definitivo sólo puede ser determinado por el pueblo de Cachemira.

El conflicto indo-pakistaní es una disputa inter-estatal entre dos poderes regionales que configuran la polaridad de la región, y que posee ciertas características. En primer lugar, ambos países tienen una larga tradición de convivencia y conflicto, comparten no solo el vecindario, sino que también una extensa frontera a través de la cual han intercambiado fuego en el último tiempo. En este sentido, ambos países han peleado varias guerras y han estado al borde de enfrascarse en una confrontación nuclear. Por lo tanto, este historial de peleas incrementa la posibilidad de que peleen en un futuro.En segundo lugar, ambas naciones nacieron de un mismo proceso de decadencia colonial del entonces Imperio Británico, que exacerbó la división tanto religiosa como ideológica entre las dos nuevas naciones. En tercer lugar, los dos países poseen una capacidad material militar que sustenta la latencia de este conflicto. En este sentido, la compañía internacional Global Firepower publicó en junio de 2018 que la India se ubicaba en el puesto 4º y Pakistán en el puesto 17º del ranking de poderío militar, de los 137 países que lo conforman.

En cuanto a la capacidad nuclear de los dos países, encontramos que en ambos casos han ampliado sus reservas de armas nucleares y desarrollado sistemas de lanzamiento de misiles tanto desde tierra, aire y/o mar (SIPRI, 2018). Esto ha significado un aumento en la capacidad de ataque, y por ende un aumento de la amenaza planteada por el vecino. Esto, en buena medida, explica por qué Pakistán e India se apuntan mutuamente, cuando existen en el sistema internacional otros poderes con capacidades materiales mucho más importantes, pero que plantean una amenaza mucho menor a la supervivencia del Estado que su vecino más inmediato. Actualmente, la India tiene en total 130 – 140 ojivas nucleares, entre ojivas almacenadas y ojivas retiradas esperando el desmantelamiento, y ninguna ojiva ubicada en bases operativas. Por el lado de Pakistán, existen 140 – 150 ojivas almacenadas o reservadas y ojivas retiradas esperando el desmantelamiento. En ambos casos, el número total de ojivas aumentó desde los registros del 2017, en donde el total era de 120 – 130 y 130 – 140 ojivas respectivamente a cada país (Fuente: SIPRI Yearbook 2018). Por otra parte, ambas naciones se encuentran entre los 10 países más poblados del mundo, y entre ambos suman más de 1.300 millones de habitantes con una superficie conjunta de unos 4 millones de kilómetros cuadrados. Esto podría indicarnos que cualquier escalada que no sea contenida dentro de este subsistema

regional podría significar que una parte importante de la población mundial correría un inmenso riesgo, sin siquiera considerarla afectación alas dinámicas de seguridad globales.

Aunque ha habido escaramuzas y aunque la cantidad total de ojivas nucleares entre ambas potencias regionales haya aumentado en el último año, tal vez sean esas mismas armas las que, al permitir y al mantener un equilibrio de poder entre la India y Pakistán, disminuyan la posibilidad de una guerra total. Por lo tanto, se podría decir que si hay futuras confrontaciones entre ambas naciones estas serán limitadas y responderán mas a cuestiones de legitimidad doméstica antes que a cuestiones que respondan a la estructura de poder existente

Georgina Prizzi

Autor

Georgina Prizzi

Estudiante de Gobierno y Relaciones Internacionales - UADE

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