El Papa Francisco frente a los abusos sexuales: código de silencio o repudio

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La aparición reciente de múltiples denuncias de abusos dentro de la Iglesia Católica  propone un análisis sobre la posición del Papa Francisco. Este puede resumirse en: ¿es este nuevo Papa diferente a todos los anteriores o acaso, aunque quiera producir cambios hay algo que lo ata al pasado? ¿Y entonces, el jefe de la Iglesia Católica está comprometido ciento por ciento con la lucha contra los abusos o el silencio dentro de la religión es más importante?

Es necesario observar la postura del Papa desde sus inicios en 2013 cuando Jorge Bergoglio se convirtió en Francisco. Ya desde sus comienzos se puede decir que tuvo una posición firme con respecto a la pedofilia, tal es así que durante su primer año decretó al abuso infantil dentro de la iglesia como un crimen dentro de la ciudad del Vaticano. Sin embargo, pareciese que esta posición no se reafirma a nivel mundial. En el 2014 Kirsten Sandberg del Comité de los Derechos del Niño de la ONU, dijo “La Santa Sede ha adoptado políticas y prácticas con las que ha dejado que continuase el abuso y la impunidad de los autores de los hechos. Otro asunto preocupante es el código de silencio que la iglesia impuso a los niños y el hecho de que informar de los casos a las autoridades de los países nunca ha sido obligatorio”.

Además, es contradictorio como por un lado en el año 2015, el papa Francisco crea en el Vaticano un tribunal para juzgar a los obispos que han encubierto casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes de su diócesis. Pero por el otro, en ese mismo año brindó su apoyo a un obispo acusado de encubrir la pedofilia, el obispo Barros, al decir “Piensen con la cabeza y no se dejen llevar por los zurdos”.

Si se retoma el análisis del último viaje del sumo pontífice, durante sus discursos siempre se ha mostrado misericordioso con las victimas de abusos y condenatorio con los culpables:“Me quiero unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se repita”. Empero no es el caso cuando la pregunta es fuera de estos ámbitos formales, al ser interrogado inesperadamente sobre el obispo Barros, el mismo al que había apoyado en el 2015, la respuesta del Papa Francisco fue “no hay una sola prueba en contra, todo es calumnia”.

Es correcto decir que se disculpó rápidamente al observar los daños que sus dichos provocaron en las victimas. Meses después el sumo Pontífice comenzó a rever ciertos casos y 34 obispos renunciaron de sus cargos, entre ellos Barros. Además pidió perdón “por el dolor causado a las victimas, al Papa, al pueblo de Dios y al país por nuestros graves errores y omisiones”.

Es difícil entender como la misma persona que en Chile dijo “No puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia”, a su vez haya reducido las sanciones a algunos clérigos condenados como pedófilos. Esta información ha sido brindada por Nicole Winfield de Associated Press quien da a conocer que, si bien estos miembros de la iglesia habían sido apartados de sus cargos, por “misericordia”, se los sancionaría con menor dureza.

Tiempo después y en relación a los casos de abusos que aparecieron en Estados Unidos el Papa dijo “hechos históricos deben ser interpretados con la hermenéutica de la época en la que sucedieron”. “Vemos que los primeros 70 años había muchos curas que cayeron en esa corrupción. Luego, en tiempos más recientes, ha disminuido, porque la Iglesia se dio cuenta de que tenía que luchar de otra manera. En los tiempos antiguos estas cosas se cubrían. Pero también en casa, cuando el tío abusaba de una sobrina, o cuando lo hacía el padre con los hijos. Se cubría porque era una vergüenza muy grande. Era la manera de pensar de los siglos pasados”.

Sin embargo posteriormente, el 20 de Agosto del 2018, emitió una carta en la cual genera empatía con las víctimas y en ella dice “mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado. Mirando hacia el futuro nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse. El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor, por eso urge reafirmar una vez más nuestro compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad”. Se puede destacar una autocrítica y un posible cambio de cara al futuro, nada que se pueda asegurar en la actualidad “con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas.”

Es posible que esta postura inestable haya hecho que esta religión haya perdido adeptos. Según un sondeo de Latinobarómetro[1]en 1995 los católicos representaban el 80% de los latinoamericanos, mientras que en el 2017 este porcentaje bajó al 59%. A su vez los latinoamericanos evalúan al papa Francisco con un 6,8, una nota menor al 7,2 que recibió en 2013, cuando asumió el cargo. En consecuencia, los resultados del Latinobarómetro ponen de relieve la caída generalizada de la confianza en la Iglesia y la pérdida de fieles de la religión católica.

Entonces es muy arduo llegar a una conclusión respecto a la posición del catolicismo con quienes predican la religión pero abusan de menores, cuando el propio Pontífice tiene una posición tan pendular. El Papa es la cúspide de la pirámide católica, sus opiniones, criticas y apoyos influyen directamente en el actuar de todos los fieles y mas aun en los ministros de esta religión. Sus creyentes lo escuchan y buscan contención en sus palabras, es por eso que las víctimas de abusos precisen saber que no están solos y que la iglesia no apoye a estos pedófilos. Así como la sociedad condena esto, la religión católica desde su lugar debería hacerlo también, para que no se de lugar ni hasta la mas mínima sospecha y que el sitio de contención de los fieles no se transforme en un calvario.

La contradicción es constante y el titubeo genera incertidumbre. Se necesita una posición firme y unificada para que sea posible combatir estos crímenes y que no haya lugar a dudas. Nada puede ser un justificativo de estos actos.

Es posible que si el Papa transforma sus dichos en acción y sus palabras sean tan firmes que no se las pueda llevar el viento, los abusadores ministros de la iglesia sean por fin, firme y completamente condenados por la Iglesia Católica. Y victimas como las del obispo Barros encuentren al menos cierto consuelo en su religión y en su máximo exponente. Si la indiferencia y el encubrimiento desaparecen y aquellos acosadores enfrentan la justicia estatal, social y divina, la impunidad será algo pasado, tan pasado como el código de silencio de la Iglesia Católica.

[1]http://www.latinobarometro.org/latNewsShow.jsp

 

Estefania Gindre

Autor

Estefania Gindre

Lic. en Estudios Internacionales en la Universidad Torcuato Ditella

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