¿El patriarcado opresor?

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 “El estado opresor es un macho violador”.  Esta celebérrima frase, instaurada por el colectivo feminista chileno LasTesis, ahora ya conocida y repetida mundialmente, se convirtió en una oda a la lucha del feminismo contra el sistema de hoy.

El motivo central del feminismo, expresada por sus defensoras, es la lucha por la igualdad. La animadversión hacia el hombre parece ser el producto de un malentendido o una simple difamación. No obstante, gran parte de la retórica feminista actual ha cruzado la línea que separa las críticas al sexismo de las críticas a los hombres, pero sobretodo se centran en la conducta personal: como hablan, como abordan relaciones, incluso comportamientos en lugares públicos. Se destacan los defectos masculinos como condenas absolutas, y cualquier refutación se considera un síntoma de complicidad. Si fuera al revés se tacharía de una burda misoginia. La discrepancia entre ambos sexos, no contribuiría a promover la igualdad anhelada que aún es incompleta.

El prejuicio contra los hombres desvía el verdadero objetivo del feminismo, los cambios importantes y necesarios en el lugar de trabajo, vida laboral, y lo personal. Los ataques a los hombres, además de crear más antipatía de los hombres, y algunas mujeres, nos llevan hacia subculturas donde el feminismo está enmarcado con el término “hostilidad”.

Betty Friedan, una líder feminista en los setenta, afirmaba que los hombres no eran los malvados, sino unas victimas más de las presiones sociales y las expectativas de sus mujeres, cuyo sustento e identidad dependían de ellos. Todo cambio con el ascenso del feminismo radical, y su lema “lo personal es político”Autoras como Andrea Dworkin y Marilyn French representaron a los hombres corrientes como brutales soldados de a pie del patriarcado. 

Las cosas llegaron a un punto extremista en que los ataques superficiales a los hombres eran comidilla de todos los días en los medios digitales modernos, por ejemplo: La sección de mujeres de la Web Vix público un artículo A mayor cantidad de mujeres, más violencia en los hombres. Donde la conclusión que llegaron fue: “La propensión a la violencia en el sexo masculino se da más cuando no necesitan luchar por la atención de ellas”. O en la web estadunidense Vice, incluía un artículo titulado Un nuevo estudio confirma que los hombres son más repulsivos, acompañado de una entrada en su página de Facebook. ¿Eres un hombre? Seguramente eres repulsivo. El estudio concluyó confusamente en algo distinto: que la mayoría de hombres y mujeres piensa que cuando se llama a alguien “repulsivo” lo normal es que sea hombre”.

Este es un problema importante, y no solo porque puede hacer que los hombres simpaticen y se solidaricen menos con los problemas de las mujeres, sino en el marco del empoderamiento femenino, donde las brechas en Chile, Perú y el mundo sobre desigualdad de mujeres con respecto a los hombres aún existen y son muy pertinentes.

Ridiculizar y criticar a los hombres, no es la forma de mostrar que la revolución feminista es una lucha por la igualdad y que queremos contar con ellos.

Pero existe un hilo delgado que supondría la vulneración de un derecho fundamental en perjuicio de la igualdad de género que tanto anhelamos: La difamación. Ignorar las falsas acusaciones de violación no es una forma de demostrar que la redención de la mujer no viola los derechos civiles del hombre. Y decir a los varones que su papel en esta lucha se comprime simplemente a escuchar a las mujeres y soportar pacientemente los improperios contra ellos, no es el mejor recurso para sumarlos a la lucha.  

Como escribí en el título, el Patriarcado, que conceptualmente según la RAE define a una sociedad u organización social donde la autoridad es reducida exclusivamente al hombre, pero ¿podríamos hablar del termino en la actualidad? En una Constitución Política en la que vivimos, donde la igualdad de las personas, sin importar el género, edad, o raza, es un fin del Estado, y el cuidado hacia las mujeres es conocido, como El Ministerio de la Mujer que tenemos. En síntesis casi nadie niega la realidad histórica de la dominación masculina. Pero hoy, cuando un hombre puede perder el trabajo por una metida de pata sexista y ser expulsado de la universidad por una acusación de conducta sexual indebida, aún sin las pruebas contundentes, eso implica estrechez de mirada. Donde el lema es muy conocido la mujer debe ser creída sí o sí. Todo el mundo critica cuando se insulta a la mujer, pero hay poca comprensión cuando un hombre es difamado.

Creo que nuestra cultura tiene una fractura que necesita urgentemente cerrarse, no solo entre guerra de sexos. Y Para formar parte de esa sanación, el feminismo debe incluir a los hombres, no solo como aliados, sino como socios, para ser una misma voz

 

Benny Mallqui Huamán

Autor

Benny Mallqui Huamán

Estudiante de Ciencia Política y representante estudiantil de la facultad de Derecho y Ciencia Política en la Universidad Nacional Federico Villareal

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