El poder de la inteligencia artificial

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El término inteligencia artificial define aquellos dispositivos y tecnologías que no solo responden a órdenes sino que son capaces de ofrecer resultados, procesar datos, elaborar sugerencias o tomar decisiones sin un mandato específico del usuario.

El concepto de inteligencia artificial parece remitirnos a imágenes de un futuro plagado de robots y máquinas con las que hablaremos y nos relacionaremos de modo constante. Sin embargo, esta alternativa científica ya está presente en casi cada rincón de nuestra realidad actual, a menudo mejorando la vida cotidiana de las personas y siendo punta de lanza de la innovación en áreas como la sanidad o las finanzas.

Uno de los campos donde más impacto ha tenido el desarrollo de la inteligencia artificial es la medicina, especialmente en el ámbito del diagnóstico. “Por ejemplo, se ha aplicado deep learning (una de las ramas de la inteligencia artificial que permite a las máquinas desarrollar métodos de aprendizaje automático complejo) para analizar mamografías, resonancias magnéticas y ultrasonidos y conseguir así diagnosticar el cáncer de mama mejor que los médicos”, explica Ramon López de Mántaras, director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial, organismo del CSIC español.

En este sentido, el buscador Google ha profundizado sus índices de investigación en el reconocimiento de imágenes con inteligencia artificial, que aplica por ejemplo en detectar la retinopatía diabética, patología que puede hacer cada vez más borrosa la imagen que los ojos envían al cerebro hasta llegar a causar ceguera.

Bajo la misma línea, la Universidad estadounidense Carnegie Mellon ha obtenido resultados sorprendentes en la prevención de paradas cardiacas; de hecho, ha analizado a 133.000 pacientes de cuatro hospitales de Chicago con una máquina que puede predecir, con hasta 4 horas de antelación (en lugar de 30 minutos en el caso de los cardiólogos) la probabilidad de un paro en pacientes ingresados en la UCI, según asegura Jacobo Pedraza, especialista en el tema.

Más allá del diagnóstico está Watson, la supercomputadora de IBM, que ofrece programas que analizan el genoma y adaptan en función de los resultados el tratamiento del cáncer de cada paciente. Además, la compañía tecnológica se ha asociado con Quest Diagnostics, cuyos servicios abarcan el 70% del tratamiento del cáncer en Estados Unidos, dando lugar a una estrategia con la que se ampliarán los éxitos del ordenador en relación a esta enfermedad.

CAPACIDAD DE ANTICIPACIÓN

Gracias a la inteligencia artificial, las apps y webs de productos y servicios consiguen conocer al consumidor con amplios márgenes. “A través del machine learning se pueden detectar los hábitos de consumo de una persona y actuar en consecuencia”, apunta López de Mántaras. De hecho, el abanico de posibilidades que ofrece esta capacidad es inmenso y ha favorecido la proliferación de empresas que se dedican a ofrecer sus productos a través de Internet sabiendo de antemano los gustos de sus clientes.

Pero esta vertiente tecnológica también se extiende a compañías que no venden objetos. Así pues, “en el ámbito de ocio, Netflix es capaz de indicar qué serie o película ver a continuación basándose en las elecciones y búsquedas anteriores realizadas por el consumidor. En el terreno musical, la imaginación de los ingenieros de Spotify ha sido muy aclamada: emplean la inteligencia artificial para establecer un vínculo con el usuario; es decir, esta técnica cada día prepara cuatro mixes de géneros distintos apoyándose en lo que ha escuchado últimamente. Además, cada semana le ofrece temas que ha escuchado poco o nada pero que se parecen a lo que le suele gustar y, finalmente, prepara resúmenes anuales con los que puede saber a ciencia cierta qué estilo ha sido su favorito, qué idioma o qué artista en concreto”, pone de manifiesto Pedraza.

ELIMINANDO FRAUDES FINANCIEROS

El mismo experto añade que la aplicación de la inteligencia artificial en el entorno económico tiene lugar cuando el sistema de un banco detecta una transacción no habitual, o relacionada con una cuenta extraña, o realizada en un lugar poco lógico; entonces, avisa al cliente al instante (tarda menos que una búsqueda de Google) y le pide su aprobación para realizar esa operación. En otras palabras, en la actualidad dichos sistemas ya pueden aprender por sí solos -con los datos que reciben- a detectar un movimiento potencialmente fraudulento, aprendiendo de los ensayos y experiencias anteriores.

De forma paralela, el banco también puede diseñar un plan financiero para cada cliente analizando sus ingresos, sus inversiones, su edad o el nivel de riesgo que puede asumir. Es más, aplicaciones como Fintonic, MoneyWiz o Spendee ofrecen consejos para ahorrar, analizan las cuentas domésticas, las ordenan e incluso proponen métodos de reducción de gasto si es necesario.

MÁQUINAS CON ARTE

En el año 2014, diferentes sistemas empezaron a componer música propia y hoy startups como Jukedeck ofrecen composiciones generadas por un ordenador del estilo y humor que el cliente desee; aunque también pueden desarrollar distintos estilos de escritura hasta llegar a componer poesía. Se puede afirmar, por tanto, que la inteligencia artificial es capaz de imitar al ser humano en un amplio espectro artístico. No obstante, López de Mántaras ofrece su opinión: “Al final, ninguno de los procesos realizados por una máquina son razonamientos reales. Son imitaciones de la acción, pero no de nuestro proceso cognitivo. Y les falta algo que tardarán mucho en tener: sentido común”.

SUPERACIÓN SIN LÍMITES

A principios de los años 90, todo el mundo habría considerado que ganar al campeón mundial de ajedrez sería una prueba de inteligencia. En esos mismos años, sin embargo, los científicos de IBM estaban desarrollando un ingenio destinado a vencer a Gari Kaspárov, el número uno de la época. Se llamaba Deep Blue y contaba con 256 procesadores trabajando en cadena que evaluaban 200 millones de jugadas por segundo, con los que logró vencer al gran Kaspárov. ¿Debemos concluir que Deep Blue era inteligente?

Javier Sampedro, periodista especializado en tecnología, responde así al interrogante: “Resulta un hecho indiscutible que los ordenadores ya nos superan en capacidad de cálculo y en velocidad de gestión. Nos ganan al ajedrez e incluso al Go, el juego chino que seguramente es el más complejo que ha inventado el ser humano. Podemos, por supuesto, aducir que eso no es la verdadera inteligencia. Pero la verdadera inteligencia, por todo lo que sabe la neurociencia, está hecha de capacidades como esas. No sabemos de cuántas, no sabemos cuándo la tecnología logrará emularlas a todas ellas, pero no parece haber ningún problema de principio, o frontera infranqueable, para que las máquinas alcancen ese objetivo. E incluso puedan superarlo”.

Susana Gil Rodríguez

Autor

Susana Gil Rodríguez

Licenciada en Ciencias de la Información, Rama Periodismo (Universidad San Pablo CEU de Madrid). Redactora en múltiples medios periodísticos de índole nacional e internacional

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