¿Es factible la renta básica universal?

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Un estudio que la Universidad de Oxford elaboró en enero de 2016 asegura que el 57% de la fuerza de trabajo humana en los países de la OCDE está en riesgo de desaparecer por la automatización y los avances tecnológicos. ¿Resultaría posible contar con unos ingresos fijos que alivien la situación?

Es un hecho sostener que la automatización de la fuerza laboral crece a toda velocidad en el siglo XXI. Y la primera consecuencia de todo ello es dramática ya que supone la pérdida de miles de empleos tradicionales que actualmente, por un coste cero, son desempeñados por máquinas.

Sin embargo, Finlandia ha decidido empezar a prepararse para el futuro, experimentando con nuevas redes de seguridad; es más, el país nórdico será en 2017 el laboratorio mundial de lo que se ha bautizado como la renta básica universal. Es decir, recibir una cantidad de dinero concreta al mes porque sí, se tenga empleo o no.

En un programa piloto que durará dos años, 2.000 ciudadanos recibirán a partir de enero de 2017 560 euros al mes. En otros términos, unos ingresos mínimos para intentar garantizar una vida digna.

La idea, que empezó a analizarse con detalle en círculos académicos a mediados de los años 80, dio un gran paso en 1986, cuando se creó la red mundial Basic Income Earth Network, que agrupa a economistas, políticos y activistas de decenas de países. En España está viva desde 2001 y trabaja con el nombre de Red Renta Básica (RRB). Y en Europa diversas organizaciones se han propuesto recoger un millón de firmas para pedir a la Comisión Europea que elabore un estudio de viabilidad.

La RRB define esta renta básica como un ingreso que paga el Estado a cada ciudadano de pleno derecho. Se abonaría con carácter universal, independientemente de los ingresos, ahorros o propiedades del ciudadano y no supondría la supresión de otras prestaciones públicas.

Los defensores de este tipo de renta subrayan que es factible y que sería la mejor manera de desterrar la pobreza. En el otro extremo, los detractores de la medida cuestionan no solo que sea posible financiarla sino, además, que resulte deseable desde el punto de vista económico, social e, incluso, moral.

Con todo, la vieja idea de reestructurar el estado del bienestar con una renta básica universal incondicional últimamente ha despertado interés en todo el espectro político. Desde la izquierda se la considera como un antídoto potencialmente integral para la pobreza y, desde la derecha, se percibe como una forma de demoler complejas burocracias de asistencia social. También brinda cierta garantía ante el temido futuro en que los robots puedan reemplazar a los trabajadores en muchos sectores. Pero, ¿puede realmente llegar a funcionar?

IMPLICACIONES ECONÓMICAS

En Finlandia, un país en el que la cultura de la responsabilidad se respira en el aire, esta remuneración adicional es vista por expertos, políticos y ciudadanos no como un regalo, sino como una oportunidad para engrasar la economía y animar a la población a iniciar negocios, explica Roope Mokka, cofundador de Demos Helsinki, el primer think tank independiente de los países nórdicos.

Mientras, en Oakland (EE.UU) serán mil familias las que recibirán 500 euros mensuales y Utretch, en Países Bajos, experimentará también ésta fórmula en 2017. Aunque -según informan diversos medios- Canadá, Finlandia y los Países Bajos están considerando actualmente la idea del ingreso básico, algunos economistas prominentes de países avanzados advierten que es algo ostensiblemente prohibitivo. En Estados Unidos, por ejemplo, entregar 10.000 dólares al año a cada adulto -una cifra inferior al umbral oficial de la pobreza para un hogar unipersonal- agotaría casi todos los ingresos fiscales federales del sistema actual.

Además, la implementación de un ingreso universal de este tipo tendría enormes implicaciones en el tejido económico de un país. La más obvia a la que los expertos apuntan es que mucha gente optaría por dejar su actual puesto de trabajo.

Bendahan, economista de la Universidad de Lausanne (Suiza), así lo reconoce, y, no obstante, asegura que es algo positivo: “Si hubiera una renta básica que cubriera lo esencial, la gente no tendría que optar por trabajos que detesta”. Un mal de muchos que el economista define como “una forma moderna de esclavitud”. En su opinión, esto transformaría radicalmente el mercado laboral porque los empleos más desagradables y que nadie desea pasarían a estar muy bien remunerados.

POSIBILIDADES EN LOS PAÍSES POBRES

¿Pero qué hay de los países con ingresos bajos o medios? Una renta básica bien puede ser fiscalmente posible -por no hablar de socialmente deseable- en lugares donde el umbral de la pobreza es bajo y las redes de seguridad social existentes son débiles, asegura el periódico El País.

“Consideremos a la India, donde aproximadamente un quinto de la población vive por debajo de la línea oficial de la pobreza, que en sí es muy baja. Aunque los ciudadanos con tarjetas llamadas “bajo la línea de pobreza” son elegibles para recibir asistencia gubernamental, los estudios muestran que aproximadamente la mitad de los pobres no cuentan con ellas y que cerca de un tercio de quienes no son pobres sí las tienen.

Muchos otros países en desarrollo se enfrentan a problemas similares, donde los beneficios destinados a los pobres son asignados a personas en mejor situación y muchos de los destinatarios no los reciben debido a una combinación de connivencia política y administrativa. Evaluar los recursos económicos de la gente para saber si tienen derecho a las prestaciones puede ser muy difícil en un entorno donde el trabajo se concentra principalmente en el autoempleo, sin contabilidad formal ni datos sobre los ingresos.

Una renta básica incondicional podría eliminar gran parte de este problema. La pregunta es si los Gobiernos pueden afrontarlo sin aumentar la carga sobre los contribuyentes ni socavar los incentivos económicos.

En la India, la respuesta puede ser afirmativa. Si cada uno de sus 1.250 millones de ciudadanos recibiera un ingreso básico anual de 10.000 rupias (149 dólares) -aproximadamente tres cuartos del umbral de pobreza oficial- el pago total representaría aproximadamente el 10 % del PIB. El Instituto Nacional de Finanzas y Políticas Públicas de Delhi estima que todos los años el Gobierno indio reparte mucho más que eso en subsidios para mejorar a sectores de la población; de hecho, si se eliminan algunos o todos estos subsidios, el gobierno podría obtener los fondos para ofrecer a todos, ricos y pobres, un ingreso básico razonable”, añade el rotativo.

De otro lado, el principal inconveniente de la renta universal, según los críticos, es que el ingreso básico debilitaría la motivación para trabajar, especialmente entre los pobres. Sin embargo, entre los grupos más desfavorecidos, “las rentas básicas mejorarían la dignidad y los efectos del trabajo: en lugar de temer continuamente por su sustento, las personas autoempleadas, como los productores y vendedores de pequeña escala, podrían tomar decisiones más estratégicas y aprovechar su mayor poder de negociación frente a los comerciantes, intermediarios, acreedores y arrendatarios”, manifiesta el mismo periódico español.

Paralelamente, el argumento final contra el ingreso básico es que los pobres emplearán el dinero para financiar actividades perjudiciales para ellos mismos o la sociedad, como el juego y el consumo de alcohol. No obstante, las experiencias con las transferencias directas de efectivo en diversos países, entre los que se cuentan Ecuador, India, México y Uganda, no ofrecen mucha evidencia de mal uso; por lo general, el efectivo se gasta en bienes y servicios que valen la pena.

Después de todo lo expuesto y a modo de conclusión, vendría bien advertir que los ingresos básicos no son una panacea pero, para los ciudadanos que trabajan en exceso y viven en la pobreza extrema en los países en desarrollo, ciertamente constituirían un alivio, según ultima el medio de comunicación

 

Susana Gil Rodríguez

Autor

Susana Gil Rodríguez

Licenciada en Ciencias de la Información, Rama Periodismo (Universidad San Pablo CEU de Madrid). Redactora en múltiples medios periodísticos de índole nacional e internacional

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