Estados Unidos y la doble vara democrática

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Estados Unidos como faro del mundo es una de las postales más repetidas en el ámbito internacional, principalmente cuando hablamos del país del norte como el principal promotor de sistemas democráticos a lo largo y ancho del globo, intentando esmerilar a regímenes que van en contra de ideales políticos americanos, como la democracia, la libertad de expresión o la libertad de prensa. De todos los países que son cuestionados por los Estados Unidos, posiblemente el que esté más observado en este momento es Venezuela, principalmente por la crisis humanitaria que está atravesando, pero también por la carencia de legitimidad del régimen, que está lejos de contar con todas las garantías constitucionales de un sistema democrático.

Hasta aquí podemos observar que, en su rol de “faro del mundo”, Estados Unidos intenta iluminar a los gobiernos no democráticos, sumidos en la oscuridad del autoritarismo, pero también debemos saber que existen países con una muy cuestionable legitimidad democrática, que tienen muy buenas relaciones con EE. UU., lo que nos permite sospechar que existe una doble vara a la hora de relacionarse con determinados sistemas de gobierno. El caso que vale la pena resaltar es el de la República Árabe de Egipto, un país con muchísimas similitudes con Venezuela, pero con el cual Estados Unidos elige tener relaciones diplomáticas, militares y económicas mucho más estrechas y amigables.

Primero debemos enlistar algunas similitudes que existen entre ambos regímenes, para luego sacar algunas conclusiones. En primer lugar, podemos observar que las elecciones ejecutivas realizadas en 2018 en ambos países carecen de garantías reales, y tanto la oposición como muchos Estados y Organizaciones internacionales, denunciaron un fraude en los comicios. En Venezuela, el candidato oficialista Nicolás Maduro obtuvo casi el 70% de los votos, y los 2 candidatos que lo siguieron (Falcón y Bertucci) se encuentran entre los pocos políticos opositores que no están en prisión o se encuentran exiliados del país. De manera similar, en Egipto, el candidato oficialista Abdelfatah Al Sisi obtuvo el 97,02% de los votos en las elecciones presidenciales, lo que muestra a las claras que las elecciones carecieron de transparencia.

Existen otras similitudes podemos encontrar en ambos regímenes, como por ejemplo las modificaciones que han sufrido las Constituciones de ambos países en los últimos años, con el fin de reducir la libertad de los otros poderes del Estado o alargar el mandato de sus líderes. En 2017 el régimen venezolano instaló una Asamblea Constituyente, en reemplazo de la Asamblea Nacional (órgano legislativo venezolano), ya que en las últimas elecciones legislativas había tenido una derrota que le quitó la mayoría oficialista en el Congreso. Asimismo, las elecciones en las que se eligieron los Constituyentes para esa Asamblea fueron muy criticadas por la comunidad internacional, alegando un claro fraude, aunque finalmente Maduro logró el cometido de retirar a la Asamblea Nacional del mapa político (objetivo que no termina de lograr) e instaurar a la Asamblea Constituyente como nuevo órgano legislativo, con muchísimo más influencia sobre el Poder Judicial, y en la que obviamente hay una gran mayoría de asambleístas del partido oficialista.

Del lado contrario, 2 en Egipto, se votó a finales de Marzo de este mismo año, una reforma constitucional en el Congreso egipcio, la cual determina la extensión de los períodos presidenciales (permitiéndole a Al Sisi gobernar hasta 2030), un fuerte incremento de poder por parte de las Fuerzas Armadas de Egipto, y un corte absoluto en la independencia del Poder Judicial, haciendo que el Presidente pueda delegar en el cargo al Fiscal General, el Presidente y Vicepresidente de la Corte Suprema de Justicia, y que todos los integrantes del Concejo de Judicatura (órgano similar al Consejo de la Magistratura en Argentina, el cual se encarga de evaluar el desempeño de los jueces y fiscales) sean también designados por el Poder Ejecutivo Nacional. Toda esta modificación fue sometida a un referéndum para darle un tinte democrático, aunque se organizó la elección en menos de 3 días, y el SÍ a la reforma ganó con más del 80% de los votos, generando que nuevamente las elecciones estén muy cuestionadas por la gran mayoría del arco político opositor, liderados por último primer ministro de Hosni Mubarak; el nasserista Hamdin Sabahi; el islamista moderado Abdel Moneim Abulfutuh, y el exsecretario general de la Liga Árabe Amr Moussa. Se informó que los reclamos presentados por los ya nombrados alegan irregularidades en algunos colegios electorales, se denunció la falsificación de los resultados en muchos centros de votación, la participación ilegal en las elecciones de efectivos de seguridad, que no se comprobó la identidad de algunos electores y que los trabajadores de varios centros intentaron influir en el voto y rellenaron varias boletas con anterioridad.

Estas son algunas de las similitudes que encontramos, aunque podríamos desarrollar más, como el creciente número de presos políticos en ambos Estados, la fuerte recesión económica, la influencia cada vez mayor del Ejército en la toma de decisiones o la constante represión a las protestas que se desarrollan en ambos países.

Pero lo que llama la atención de todo esto, no es la similitud entre los casos políticos o económicos de ambos países, sino las reacciones de los Estados Unidos ante regímenes con tantas similitudes. Es sabido que el gobierno de Donald Trump ya no cuenta con Embajada siquiera en el territorio venezolano, no reconoce a Nicolás Maduro como legítimo presidente, sino a Guaidó, ha sancionado en repetidas oportunidades a políticos relacionados al régimen chavista, y tiene congelados todos los activos del gobierno de Venezuela que se encuentran dentro de la jurisdicción de los Estados Unidos.

Mientras tanto, con Egipto su comportamiento es completamente diferente. Hace poco más de 1 mes, Trump recibió a Al Sisi en la Casa Blanca, y hasta declaró “Sólo puedo decirles que está haciendo un gran trabajo”. Además, en 2018 se han transferido casi 200 millones de dólares de un país a otro en concepto de “ayuda militar”, siendo Estados Unidos el principal socio militar del país africano, y siendo Egipto uno de los 10 países que más armamento compra a Estados Unidos en todo el mundo, demostrando que existen lazos comerciales, económicos y políticos muy estrechos entre ambas Naciones.

Todo esto nos permite reflexionar sobre los intereses reales de Estados Unidos cuando se relaciona con países que tienen poca legitimidad democrática, y vemos que la existencia de una democracia legítima es importante solamente en casos en los que el país cuestionado es políticamente contrario a sus propios intereses.

Ariel Velázquez

Autor

Ariel Velázquez

Estudiante de Gobierno y Relaciones Internacionales - UADE

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3 Discussion to this post

  1. Avatar Horacio Velázquez says:

    Muy buen artículo

  2. Avatar Elida Narváez says:

    Muy claro el artículo, excelente!!

  3. Avatar Patricia says:

    Excelente!

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