¿Están los Estados Unidos en declive frente a China? Mitos y verdades

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Son múltiples los artículos de opinión, análisis de toda índole y opiniones cotidianas que escuchamos, asistimos o leemos respecto al supuesto declive del país más poderoso del planeta ante el ascenso de una frecuentemente llamada superpotencia. Ciertamente, el ascenso económico de China en las últimas décadas es innegable. Los números son elocuentes. Mientras en 1980 China ocupaba el decimo puesto en el ranking mundial de países con mayor PBI, incluso detrás de Brasil, en el 2010 ocupaba el segundo lugar detrás de Estados Unidos, destronando a una experimentada potencia como Japón por primera vez en la historia.

Por lo tanto, esto significa que es una cuestión de tiempo, debido a las tasas de crecimiento, hasta que Estados Unidos sea superado por su principal rival asiático, colocando así fin a más de 70 años de hegemonía global, siendo relegado a aceptar un nuevo orden mundial en donde deberá aceptar que China le quite su lugar privilegiado como superpotencia.

La respuesta es sí y no…pero también depende. Vamos al grano.

El problema radica en qué variables utilizamos para medir y comparar esos dos países. Generalmente, cuando se afirma que Estados Unidos tiene sus días contados en términos relativos, se utiliza la variable económica y, en menor medida, la militar para justificar tal afirmación. Si nos remitimos al ranking mundial que mencionamos antes, es cierto que, tarde o temprano, es probable que China alcance un PBI superior al de Estados Unidos, por lo que nuestra respuesta a la pregunta anterior podría ser sí. Sin embargo, al analizar los datos de manera más detallada, vemos que aquella afirmación es insostenible.

Para comenzar, China, al contrario de Estados Unidos, no califica como superpotencia. Barry Buzan, profesor de Relaciones Internacionales en la London School Of Economics, afirma que para que un país adquiera estatus de superpotencia, debe poseer una fuerza militar de primer nivel, y una economía lo suficientemente desarrollada para sostener esa parafernalia militar. Una superpotencia tiene también gran influencia económica y militar a nivel global, siendo un jugador activo en los procesos de seguridad internacionales, jugando un rol como interventor o garante de la paz. Asimismo, estas superpotencias necesitan verse a sí mismas como tal y obtener el reconocimiento del resto de los Estados. ¿Dónde se ubica China dentro de estos ámbitos?

Aunque China posee el segundo PBI más alto del planeta como vimos anteriormente, cuando lo medimos en términos per cápita medido en dólares el resultado es, como mínimo, vergonzoso. Con $9.600, China comparte lugar con países como Kazajistán y el Líbano, y detrás de Rusia, Rumania e incluso Argentina. Para colocarlo en perspectiva, ese número para los Estados Unidos es superior a $60.000. En otras palabras, la riqueza económica por habitante es 500% mayor en el país norteamericano. Al mismo tiempo, algunos economistas argumentan que la economía china es insustentable a largo plazo. La crítica alude a la implementación de políticas keynesianas y a lo que el economista francés Frédéric Bastiat definía como aquello que se ve y aquello que no se ve. En el caso, lo que se ve son los números del PBI; lo que no se ve, son los efectos de aquellas políticas en la economía actual y a futuro de China.

La economía china presenta un problema no menor, que es el alto grado de endeudamiento y especulación inmobiliaria derivados del otorgamiento de créditos a mansalva por el Estado. Concretamente, esto implica la existencia de, por ejemplo, numerosas obras que se encuentran inactivas. El sector de construcción es emblemático de este fenómeno. Estructuras faraónicas como grandes edificios y rascacielos desolados adornan el paisaje de algunas ciudades chinas. Sin salir de la región e irnos demasiado lejos, podemos trasladarnos a Pyongyang, Corea del Norte, donde yace el infame Ryugyong, el hotel fantasma que aspiraba a ser el más alto del mundo, pero que hace 30 años se encuentra completamente vacío y abandonado.

Más de 52 millones de casas en el gigante asiático (una de cada cinco) se encuentran vacías. Todo esto implica un fenomenal derroche de capital y desvío de recursos. En otras palabras, se fomenta la demanda a costa de un desarrollo verdaderamente genuino de la economía mediante el sector privado, que genera la riqueza que eventualmente es confiscada para emprender proyectos financiera y económicamente irresponsables.

Por último, y en línea con lo anterior, China se enfrenta al desafío dantesco de lograr mantener su régimen autoritario apoyado en una economía que crezca y beneficie a su población lo suficiente para legitimarlo. A pesar de los múltiples atentados contra la libertad individual mediante violaciones de los derechos humanos y restricción de la libertad de expresión, el bienestar material relativo de la sociedad china contribuye a mantener en pie al régimen. China a mejorado la calidad de vida de sus ciudadanos no debido a su régimen autoritario, sino a pesar de él. Adicionalmente, emprender reformas económicas es un requisito, no obstante, no el único, para que China algún día pueda ostentar una economía lo suficientemente fuerte como para aprobar la prueba de reconocimiento como superpotencia.

Respecto a nuestra otra variable, el poder militar, China queda aún más relegada a potencia de segunda categoría comparada a la única superpotencia. El gasto militar de Estados Unidos es varias veces superior al de China en números absolutos (610 mil millones de dólares y 228 mil millones de dólares, respectivamente) y como porcentaje de PBI (3.1% y 1.9%) Aunque China ha logrado un gran progreso en materia militar, especialmente en lo que se refiere a factores materiales como aviones, navíos, tanques y soldados, no posee el grado de entrenamiento y organización de sus pares norteamericanos. Es, asimismo, fundamental mencionar que China posee una brecha gigante en materia de armas nucleares en comparación con Estados Unidos. Éste posee 28 veces más ojivas nucleares (7000 en comparación a los 250 chinos, que de igual manera sirven como forma de disuasión)

Si ello no fuera suficiente, y en línea con el concepto de reconocimiento, indispensable para obtener la denominación de superpotencia, en base a una encuesta del Pew Research Center, prestigioso think tank estadounidense sin fines de lucro, la mayoría de los países no solo ven a Estados Unidos como la principal potencia económica mundial, sino que prefieren ampliamente su liderazgo. Curiosa y previsiblemente, Argentina, junto con Rusia y Túnez, aparece en la lista de los tres países donde apenas un tercio o menos de sus ciudadanos prefieren el liderazgo de Estados Unidos.

Para no dejar otras cuestiones de lado, podemos añadir a nuestro breve análisis comparativo otra variable: la geopolítica. Nuevamente, los Estados Unidos salen indudablemente mejor parados frente a China. Aunque el segundo tiene un importante peso en diversas instituciones y organismos internacionales como la OMC, y pertenece como miembro permanente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, los Estados Unidos tienen mucha más influencia en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, instituciones con considerable influencia internacional.

El ascenso económico, y en mayor medida militar de China ha dado mucho de que hablar, al mismo tiempo que servido para un sinfín de estudios en la política y las relaciones internacionales, entre otros campos. Pese a ello, China aun tiene un largo camino para recorrer si quiere algún día disputarle seriamente el trono a Estados Unidos como superpotencia. Es menester no analizar las circunstancias actuales de manera impulsiva e intentar dejar de lado cualquier sesgo ideológico. Aunque hoy Estados Unidos es innegablemente la mayor potencia y única superpotencia mundial, China es, valga la redundancia, la mayor potencial superpotencia. Para aquellos que temen una supuesta inminente dominación china, un análisis más cuidadoso de los datos debería servir como paliativo. El mundo podrá ser un poco más chino, pero China no relegará a Estados Unidos a potencia de segunda categoría en el futuro próximo.

Bruno Picanzo

Autor

Bruno Picanzo

Estudiante Lic. en Gobierno y Relaciones Internacionales - UADE

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  1. Avatar Yvette says:

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