Frente a la Anarquía, la respuesta siempre será Poder

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Desde los inicios de la disciplina de las relaciones internacionales, la mayor parte de las corrientes teóricas que se han desarrollado, tales como el realismo y el liberalismo, han aceptado como premisa fundamental que el sistema internacional es anárquico. Esto no implica, como aduce el sentido comúnmente asignado a ese calificativo, que el mundo es una constante guerra de todos contra todos, violento e inseguro. La anarquía es entendida por estas corrientes como la ausencia de una entidad rectora superior centralizada que imponga reglas y las haga cumplir, tal como ocurre al interior de los estados (donde el sistema es jerárquico). Desde esta perspectiva, todos los Estados son “iguales”, diferenciándose únicamente por sus capacidades materiales (principalmente económicas y militares), es decir, su poder relativo respecto del resto de los Estados.

Todo esto implica el hecho de que los estados deban convivir en un sistema de autoayuda, debiendo valerse por sí mismos, sin una entidad superior a la cual recurrir en caso de ser atacados o amenazados. Al mismo tiempo, según los realistas, esta característica básica del sistema internacional implica ciertas conductas básicas por parte de los actores que lo integran. En esencia, cualquier Estado que desee su supervivencia debe armarse lo mejor posible. En otras palabras, en un refrán muy conocido para los realistas “si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Sea mediante la adquisición, fabricación o compra de armamentos o mediante alianzas con otros, los Estados deben procurar, según los realistas, aumentar lo más posible su poder relativo. Mientras más fuertes sean con respecto a otros, menos posibilidades tendrán de ser atacados. Esta es la única forma de asegurar su supervivencia.

Esta posición se ve reforzada por lo que los autores realistas reconocen como el “dilema de seguridad”, fenómeno común en el panorama internacional. En esencia, este dilema se genera a partir de las confusiones en las percepciones de los distintos Estados. Cuando el Estado A aumenta su defensa, el Estado B ve disminuida su posición relativa: es ahora más débil que el Estado A, lo que lo lleva a aumentar su defensa. Esto tiene un impacto sobre el Estado A, que puede percibirse amenazado y conducirlo a aumentar nuevamente sus recursos militares. La continuación de este ciclo es lo que comunmente se conoce como “carrera armamentística”. Los realistas apuntan a esto como un “dilema” ya que, aunque las intenciones de ambos Estados sean benignas y únicamente defensivas, estas pueden no ser percibidas como tales por otros Estados, condicionando su comportamiento mutuo. En última instancia, la anarquía del sistema, según estos autores, condena el comportamiento de los actores.

Sin embargo, otras corrientes teóricas, aún aceptando la ausencia de una entidad central, discrepan con los realistas en las consecuencias que esto genera para el comportamiento de los Estados. Por su parte, los liberales argumentan que existen una serie de normas, instituciones y regímenes internacionales que son normalmente respetados por los Estados y que regulan las posibilidades (y los motivos) de generar enfrentamiento armados. Otros también argumentan que la interdependencia económica creciente promovida por la globalización genera diversos grados de dependencia. Estos aumentarían terriblemente los costos de la guerra, incluso para el bando victorioso, que vería mermado su comercio, sus inversiones, su presupuesto y demás durante la misma. En esencia, un mundo más conectado es un mundo más pacífico y la anarquía del sistema no debe implicar necesariamente carreras armamentísticas. Los Estados como actores racionales advertirán los altos costos de las guerras y derivarán su presupuesto hacia el aumento del comercio y el desarrollo de sus sociedades.

En respuesta a este tipo de argumentos, los realistas recalcan la incertidumbre del sistema. A pesar de que hoy el mundo sea relativamente más pacífico y de que las relaciones entre ciertos actores puedan ser catalogadas de amistosas, el futuro es totalmente incierto. Fenómenos de la talla de Donald Trump, el Brexit, Bolsonaro y el ascenso de la ultraderecha europea son prueba de ello. En el fondo, nunca podremos saber si dentro de 10, 20 o 50 años una revolución en el país vecino instaurará una dictadura con intenciones de expansión territorial en el gobierno. Las consecuencias para un país “idealista” totalmente desarmado podrían ser nefastas. Como ejemplo, las normas, regímenes, tratados e incluso sanciones económicas poco lograron en el intento de evitar la adquisición de armas nucleares por Corea del Norte, que amenazan hoy a toda la región. Algunos realistas también critican los supuestos de racionalidad de actores que ponderen los costos y los beneficios de la guerra. No olvidemos que los dictadores con aires de megalomanía, los errores de cálculo y las guerras no deseadas por ninguna de las partes han existido a lo largo de toda la historia.

Respecto de los argumentos sobre la interdependencia económica, la historia misma los refuta: al comienzo de la 1era guerra mundial, Reino Unido y Francia eran parte de los principales socios comerciales del Imperio Alemán. Por otra parte, los altos grados de comercio no han reducido la conflictividad (ni los incentivos para aumentar las defensas) en casos como los de India – Pakistán,  Irán – Irak, Arabia Saudí – Israel (y Medio Oriente en general), China – Taiwan (y el Asia Pacífico en general). La actual tensión entre China y los Estados Unidos a pesar de su alta dependencia económica es tal vez el ejemplo más claro: aunque son los principales socios comerciales a nivel internacional, ambos continúan aumentando sus Fuerzas Armadas ante la incertidumbre de sus relaciones en el futuro. Más aún, a pesar de vivir en un mundo mucho más pacífico e interdependiente, los presupuestos de defensa a nivel mundial son hoy los más altos de la historia. Quieran o no los liberales, la anarquía sigue operando sobre el pensamiento de fondo de todos los Estados.

Podemos concluir así que, a pesar de los argumentos esbozados por los teóricos liberales, en un sistema de autoayuda como el sistema internacional, la incertidumbre del futuro conlleva directamente a procurar los mayores grados de defensa posibles, aún en tiempos de paz. Para Estados preocupados por su supervivencia en el largo plazo, la anarquía conlleva de forma directa al aumento constante del poder relativo. El mundo es demasiado incierto y peligroso y la supervivencia del Estado demasiado vital como para dejarla en manos de discursos, tratados, intenciones e instituciones idealistas. Muchos mantienen que lo único que ha evitado el estallido de otra gran guerra durante el período de la Guerra Fría fue la disuasión generada por las armas nucleares. Sin desestimar el importante papel del comercio y las instituciones, lo cierto es que probablemente, argumentos similares se apliquen a cada uno de los grandes conflictos de la actualidad. En fin, si quieres la paz, prepárate para la guerra.

Lautaro Nahuel Rubbi

Autor

Lautaro Nahuel Rubbi

Lic. en Gobierno y Relaciones Internacionales (UADE) - Lic. en Política y Administración Pública (UADE) - Posgrado en Seguridad Internacional, Desarme y No Proliferación (NPSGlobal) - Mg. en Estudios Internacionales (UTDT) - Candidato a Dr. en Estudios Internacionales (UTDT) - Becario doctoral del CONICET Lrubbi@estadointernacional.com

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