El futuro de una Internet vigilada y menos segura

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La conectividad es la nueva norma. Según el último reporte de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, 47% de la población mundial ya utiliza internet, un aumento del 4% respecto de diciembre de 2015. Aunque la distribución es dispar, concentrándose en Estados y poblaciones de alto poder adquisitivo (Islandia se encuentra en el primer puesto, con 98,2% de conectividad, seguido de otros países nórdicos, de Europa Central y algunos asiáticos) y estando altamente limitada en otros países (Chad apenas llega al 2,7%), el porcentaje de usuarios conectados a internet ha aumentado de forma constante durante los últimos años. Pero no solo crece el número de computadoras y smartphones conectados. Es ya común la conexión a internet y manejo remoto de cámaras de seguridad, semáforos, sensores de cultivos, luminarias públicas y hasta bases de datos de alta seguridad y centrales nucleares. Cada vez más todo lo que nos rodea depende de internet para funcionar.

Junto con todas las facilidades y nuevas posibilidades que este cambio de paradigma permite, también se imponen nuevas vulnerabilidades antes inexistentes. La posibilidad de penetrar los sistemas de prácticamente cualquier dispositivo es una realidad. El robo de información empresarial es un peligro siempre presente. Según el reporte anual 2017 de Cisco sobre Ciberseguridad, más de un tercio de las organizaciones que sufrieron ataques en 2016 reportaron sustanciales y millonarias pérdidas en consumidores, oportunidades de negocios y valor accionario.  También es común el robo de información financiera personal y la intrusión en los dispositivos y redes sociales de figuras públicas.

Pero el peligro es mayor cuando los objetivos implican infraestructuras críticas o servicios que afectan los intereses nacionales. En 2010 el virus Stutnex, supuestamente creado en los Estados Unidos junto con ayuda del servicio de seguridad israelí logró penetrar los sistemas de enriquecimiento de Uranio de Irán, destruyendo parte del mismo y retrasando su programa nuclear por meses. Más actualmente, se cree que Rusia habría influenciado las elecciones en los Estados Unidos mediante la manipulación de información extraída de los correos personales de múltiples políticos, entre otras maniobras. Por su parte, aunque Estados Unidos acusa reiteradamente a China de ciberataques y operaciones de espionaje contra empresas y organismos de gobierno, su credibilidad pública se ha visto afectada desde las revelaciones del caso Snowden. La conectividad implica facilidad, eficiencia y nuevas posibilidades pero también nuevos peligros.

Frente a esto, pocas son las opciones disponibles. La primera es aumentar la inversión en Ciberseguridad. Pero los costos son elevados y difíciles de afrontar para algunas organizaciones, la actualización debe ser constante para prevenir los ataques más avanzados y la seguridad nunca es óptima. Una segunda posibilidad, que adoptan países como Corea del Norte, China o Rusia, es limitar el acceso y la exposición a la red de sus habitantes y sus estructuras críticas. Además de restringir la información y los sitios a la que sus poblaciones pueden acceder para evitar disrupciones en el régimen, la desconexión de la red global para evitar intrusiones  es considerada como una opción viable de estos gobiernos para proteger sus intereses nacionales. Mientras que la fortaleza de la “muralla digital” china es bien conocida, German Klimenko, consejero personal del presidente ruso en temas cibernéticos, reveló en comentarios recientes que su país podría desconectarse del internet global durante una crisis para proteger su infraestructura crítica, “que está siendo relocalizada en su totalidad en el territorio ruso para evitar intrusiones y que nadie pueda bloquearla o apagarla”.

Finalmente, tal como lo ha planteado los Estados Unidos, otra estrategia es recurrir a la disuasión para evitar ataques de alto rango. Esto implica elevar las capacidades de ataque y hasta penetrar de forma anticipada sistemas foráneos para responder de forma rápida en caso de un ataque. Sin embargo, estas acciones podrían llevar a un dilema catastrófico cuando otros interpreten que las acciones de defensa preventiva propias son en realidad una preparación para efectuar ataques contra sus sistemas.

En conclusión, todos los caminos llevan al mismo lugar. Mientras que el avance de la conectividad permitirá superar antiguas barreras, las respuestas a las vulnerabilidades que implican operar en el ciberespacio son poco atractivas. Todas implicarán una red más vigilada, fragmentada o menos segura para los Estados y sus habitantes. ¿Cómo responderemos a este dilema?

Versión ampliada de artículo original publicado en El Cronista el 16 de Mayo de 2017

Lautaro Nahuel Rubbi

Autor

Lautaro Nahuel Rubbi

Lic. en Gobierno y Relaciones Internacionales (UADE) - Lic. en Política y Administración Pública (UADE) - Posgrado en Seguridad Internacional, Desarme y No Proliferación (NPSGlobal) - Actualmente cursa la Maestría en Estudios Internacionales en la U. Torcuato Di Tella - Investigador y becario del CONICET - Lrubbi@estadointernacional.com

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