¿Hasta cuándo?

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Cuantas más “Camilas” raptadas, violadas y asesinadas se necesitan para que nuestro paupérrimo sistema penal se ponga riguroso, y aplique con la misma frialdad que los violadores actúan con sus víctimas. No simplemente dar condolencias a diestra y siniestra, o que el ministro del Interior y el presidente de la República salga a mostrar empatía en estos sucesos. ¡Necesitamos acción!

Narrar todos los distintos sucesos de menores de edad y mujeres (en la cuales también existen hombres y la noticia no es replicada) que fueron violadas y posteriormente asesinadas sería inoperante. Es menester enfocarnos en el porqué del continuismo de estos macabros crímenes. 

 

Sin embargo, en estos últimos tiempos, digo esto porque se ha incrementado descomunalmente el abuso sexual contra menores de edad, y pareciera ser una actividad recurrente en el Perú y buena parte de eso se debe al débil sistema penal que tenemos.

Casos peruanos célebres como el de Margorie, en 2017, una niña de 8 años que fue violada por un testigo de Jehová y después asesinada.
O el caso más representativo, en 2018, que enlutó al país y puso en alarma a las terribles estadísticas de violación a menores de edad. El caso de María Jimena, o conocida simplemente como “Jimenita”, que salía de sus clases diarias de manualidades y fue raptada por un hombre que casi a diario lo merodeaba, y al final la violó, asesinó y posteriormente quemó su cuerpo y la abandonó en la calle.

Ahora, el miércoles último, en Ica. Un hombre asfixio a sus dos hijas, una niña de 2 y otra de 4 años, en venganza a su pareja, que creía que le era infiel.
Y antes de asesinarlos, dejó una carta en la cual mostraba la frialdad en la que maquinó su asesinato, y dejó dos asesinatos más, que parecen ser más para las estadísticas, que para una severa sanción. 

Ahora el reciente asesinato de Camilita, en Independencia, que otra vez puso en vilo a nuestro sistema penal, y salió a flote la empatía de un país, que pareciera ser esto el único consuelo a este desenfrenado fenómeno.

La mama de Camila dio luz a ésta a los 18 años, dos años después tuvo a otra niña. Años posteriores su pareja se fue de ilegal a USA en busca de trabajo, así ella quedo a cargo de las dos niñas. Este último sábado salió a una yunza, y dejo a sus dos pequeñas a cargo de una prima de 9 años. No contando que un adolescente de 15 años con engaños se llevaría a las niñas, a Camila cargándola en brazos, para posteriormente violarla y asesinarla. El domingo amaneció su cuerpo botado en una bolsa de rafia y enterrada en un socavón del cerro La Mina, haciendo realidad la pesadilla de cualquier madre.

El chico de 15 años no irá a una cárcel ni será procesado por el Código Penal Ordinario, sino por el Código del niño, niña y adolescente, y será llevado a Centro de Internamiento Maranguita para su reinserción a la sociedad.  Hasta allí entendemos el detrimento de nuestra sociedad, que el punto blanco ahora es someter al más indefenso y para borrar las pruebas de lo atroz, pues lo asesinamos e intentamos ocultarlo.

Sin embargo, en toda esta degeneración que conlleva la vulneración de los derechos de los más indefensos, algunas estadísticas ya parecen completar lo vil de este accionar.

La violencia sexual en niños, niñas y adolescentes en el Perú va en aumento, en 2019 se han registrado 8608 casos de este tipo de agresiones sexuales.

Por lo que se estima, por cada día se perpetró 13 casos de violación sexual contra menores de edad, según las estadísticas que revela el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP).

Con respecto a la desaparición de los niños, La Policía Nacional del Perú (PNP) a través de la División de Investigación de Personas Desaparecidas informó a la prensa local que en el 2019 se reportaron 2902 niños desparecidos en todo el Perú. Con respeto al 2020, en los dos primeros meses, según la División de Investigación de Personas Desaparecidas, se han reportado más de 558 niños desaparecidos, eso quiere decir, 11 niños cada día. Es decir, en el 2020 cada hora desaparece 2 niños.

Es necesario reafirmar la posición enérgica del castigo penal, con el debido proceso, a la persona que violenta contra los menores de edad y las mujeres. No más impunidad a esos malos elementos en la sociedad, y que la pena (penal) no haga deferencia de género.

 Ya terminando, con una profunda pena y con lágrimas en los ojos, no puedo evitar pensar en el dolor de los padres, por la pérdida de esos pequeños. ¿Quién hará justicia para ellos?

No estoy entrometido en ese debate, si fue una mala madre o no por dejarla sola e irse a una yunza. Creo que estamos justificando el delito, y sobre todo olvidando el verdadero motivo por el cual se debería luchar, la prevención de más abusos y asesinatos contra menores y mujeres. Aprendamos, hagamos algo como sociedad y país.

¡Eso será siempre nuestra carga!

Benny Mallqui Huamán

Autor

Benny Mallqui Huamán

Estudiante de Ciencia Política y representante estudiantil de la facultad de Derecho y Ciencia Política en la Universidad Nacional Federico Villareal

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