Juventud y Política

Sin comentarios

Con la llegada de la temporada electoral, este 26 de enero, uno de los capítulos más esperanzadores en medio de la difícil arena de la política, donde abundan más los escándalos que las razones de esperanza, es la llegada de nuevos actores: los candidatos primíparos. O como el coloquialismo que siempre usamos: “el candidato pulpín o el candidato principiante”

Sin embargo, en estos tiempos llegar a la política sin ser heredero de algún líder —nacional o territorial— o sin contar con un presupuesto vasto no es una tarea fácil. Quienes buscan lograrlo deben, antes, tocar puertas incansablemente hasta conseguir enrolarse en el mundo de los partidos, encontrar el apoyo de líderes reconocidos, o la cúpula de un partido y obtener un aval. Todo eso evitando caer en las trampas de los “dueños” de los partidos y los clientelistas, a quienes las caras nuevas, y sobre todo caras juveniles les caen como anillo al dedo cuando se trata de esconderse detrás de promesas de renovación. El primer reto que tenemos los jóvenes que incursionan en la política es iniciar sus pasos de la mano de líderes sensatos y ejemplares.

A partir de esto, conlleva a entrelazar intereses comunes en partidos políticos que gozan de buena legitimidad en la política actual y buen arraigo en base a convicciones y ética.
Partidos como el APRA, que en la última experiencia congresal que concluyó con la disolución, este año, logro tener el 87% de desaprobación, seguido del Fujimorismo con un 81% de rechazo, y más abajo el partido PPK con un 70% de desaprobación. Debido a la nefasta participación de los políticos tradicionales en el último congreso, coludieron a la población a generalizar a los nuevos actores políticos que ingresaron a los partidos políticos tradicionales, y se cargaron esa negativa reputación precedente de los políticos tradicionales del mismo partido. Por eso buscar partidos políticos con buena legitimidad ayuda a los jóvenes a obtener una mayor simpatía de los ciudadanos, y mayor acierto de cara a las próximas elecciones. 
Por ende, los jóvenes deben proyectarse por buscar partidos políticos con buena legitimidad y sobre todo con buena estructura, los partidos políticos tradicionales no han refrescado la cara de sus nuevos actores políticos, por lo cual fue aprovechado por partidos que emergieron en los últimos años, y se enraizaron en la política actual, como Acción Popular, Partido Morado, Somos Perú y APP.  No nombro a ningún partido de izquierda porque actualmente esta fraccionado, ya sea su estructura o su convicción están desordenadas, a tal punto que no se sabe cual es la Nueva Izquierda y cual es la Tradicional Izquierda, quienes son Frente Amplio o quienes son nuevo Perú.

Al elegir un buen partido, con un mayor acierto en las próximas elecciones, podrían dar un paso exitoso por el sector público a una edad temprana en calidad de representantes de una población territorial, y la cual sería suficiente para formar el perfil de cientos de líderes que bien podrían cambiar el futuro del país. 

Para variar, muchos de los actuales actores políticos, incluso los excongresistas que volverán a postular al nuevo congreso, y que hoy protagonizan los debates de la política nacional —por su decencia o, también, por lo contrario— comenzaron sus carreras repartiendo volantes en las calles de sus regiones y tocando las puertas de sus vecinos para conocer sus necesidades. Es algo cotidiano pero cierto, que es un ejercicio que bien puede enseñarles a quienes esperan algún día llegar a los cargos más altos de representación que es necesario empezar desde ceros y buscar resolver las preocupaciones cotidianas de los ciudadanos.

Son muchos los jóvenes, que, de acuerdo con la frustrante coyuntura política, los políticos habituales con una alta deslegitimidad, la desazón frente a los partidos tradicionales, la decepción hacia el Poder Legislativo, vieron una oportunidad única para llegar a la función pública, tratar de recuperar la confianza de la ciudadanía, que difícilmente será repuesta y que progresivamente empezará a agravar con la última experiencia congresal. Pero eso es el reto de los jóvenes, tratar de lavar el putrefacto sistema político que tenemos.

Se trata de una decisión compleja, costosa y que puede cambiar para siempre la vida de quienes la asumen. En muchas regiones del Perú, los primíparos o candidatos pulpines la tienen sumamente difícil, teniendo en cuenta que hacer política transparente y sin compromisos oscuros es tener enormes posibilidades de ser derrotados por las poderosas maquinarias del clientelismo.

Sin embargo, otro obstáculo, será   enfrentarse a los viejos pesos pesados que buscan reelegirse una vez más, ya sea de manera directa o en cuerpo ajeno, como tener una mayoría congresal de nuevo. Es un asunto que les quita la esperanza a muchos, si se considera que las curules que cada partido puede conseguir en la función pública son limitadas y que quienes cuentan con visibilidad, trayectoria y redes políticas elaboradas tienen una opción mayor de alcanzar un lugar.

Los retos que enfrentan los candidatos primíparos son inmensos y profundamente difíciles. Pero aquellos que desean emprender el camino del servicio público para plantear propuestas innovadoras y encaminadas al progreso, aun sabiendo lo largo y complejo que será, devuelven la esperanza en un país que la añora. Es por eso, por lo que, desde este espacio, deseo que el peso de los logros de quienes tomaron la decisión de presentarse como candidatos para estas elecciones del 26 de enero, se anteponga como fuente de vocación los intereses públicos, ante los reveses políticos que enfrentarán, sin duda alguna, en el camino.

A manera de opinión, Los jóvenes nos enfrentamos a la informalidad, precariedad, ausencia de oportunidades y educación de calidad; sin embargo, nuestra agenda parece ser secundaria para muchos políticos que dicen representarnos. En el Parlamento disuelto solo hubo dos congresistas jóvenes, pese a que nosotros representamos el 27 % de la población. Despectivamente, algunos nos llaman “pulpines” cuestionando nuestra experiencia y capacidad para estar en los espacios de poder público, pero nosotros los pulpines somos una generación que defiende causas, que se indigna, organiza y actúa; los pulpines ya no toleramos la injusticia, los privilegios y las desigualdades. Ahora a esos pulpines, y sé que brevemente yo también lo haré, tocará luchar nuestro espacio en el Congreso.

 

Benny Mallqui Huamán

Autor

Benny Mallqui Huamán

Estudiante de Ciencia Política y representante estudiantil de la facultad de Derecho y Ciencia Política en la Universidad Nacional Federico Villareal

Up Next

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.