La inadaptabilidad Argentina a los riesgos que constituye el cambio en la redistribución de poder mundial.

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El Sistema Internacional, es el escenario mundial en donde se llevan a cabo las relaciones entre las diferentes unidades que son denominadas Estados.

El orden internacional, lo podemos entender como un proceso mediante el cual, como nos ilumina Goldstein, “los Estados trabajan juntos siguiendo reglas que ellos mismos establecen para dirigir sus interacciones. Los Estados, generalmente, siguen esas reglas. Al paso del tiempo, las reglas se han establecido de una manera cada vez más firme y se han desarrollado diversas instituciones en torno a ellas. Los Estados desarrollan el hábito de cooperar entre sí, a través de instituciones y con apego a estas reglas. Lo hacen buscando promover su propio interés; pueden obtenerse grandes ventajas al reglamentar las acciones internacionales mediante normas e instituciones, para así evitar el costo que implica la ruptura de la cooperación.”


Goldstein, J. (1996). International Relations. 2da edition, New York: Harper Collins, p. 265.

Así es posible dar cuenta de la necesidad de orden para mantener cierto grado de previsibilidad en relación a las acciones de los Estados, lo que se traduce en estabilidad.

En la segunda mitad del siglo XX, el mundo se vio inmerso en una creciente interdependencia entre naciones y una redistribución del poder global. Luego de la segunda guerra mundial se configuró un sistema internacional de orden bipolar, generado por la guerra fría que se disputó entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética, quienes mantuvieron al mundo dividido en dos grandes bloques lo que generó cierta estabilidad.

Con el fin de la guerra fría Estados Unidos se posicionó como el único actor internacional capaz de mantener el orden y estabilidad en el sistema, tanto por sus capacidades militares como por el desarrollo económico alcanzado.

Hoy tenemos una estructura difícil de definir en términos de poder. Rusia se mantiene como un gran poder militar y una participación activa en su región, haciéndose visible con la anexión de Crimea. También mantiene una evolución tecnológica constante como lo demuestran sus pretensiones de duplicar la cantidad de estaciones terrestres de su sistema de navegación por satélite Glonass, tanto en territorios extranjeros como en el nacional. Sumado a esto, en la última década se dio un aumento constante en las reservas de oro de su banco central, por lo que tiene con que sostener el desarrollo militar y tecnológico.

China, por su parte,  sigue en un proceso ascendente de construcción de poder, el cual ya se ve establecido en el ámbito económico internacional con sus ambiciones de inversión directa en todas partes del mundo y con particular importancia en la Unión Europea donde la tercera parte de los activos del bloque están en manos de países no comunitarios, y las inversiones fuertes de china se establecieron en Alemania, Gran Bretaña y Francia. Su poder militar se vio incrementado notablemente, teniendo en cuenta que desde 1997 viene asignando más del % 1,7 de su PBI a la defensa, según datos oficiales del Banco Mundial, sostenido por un crecimiento económico que lleva más de 30 años. Además en el ámbito tecnológico se disputa el liderazgo por la inteligencia artificial con Estados Unidos en cuanto avances más que en innovación, claro ejemplo de esto es la carrera por la construcción de la red 5G que ambos países se vienen disputando.

Por otro lado tenemos a Corea del Norte que amenaza la seguridad internacional con sus intentos de posicionamiento como un actor nuclear, respaldado por grandes poderes como China, a la vez que busca generar una alianza sólida con Rusia en la cumbre del próximo 25 de abril en Vladivostok, posiblemente para no depender únicamente de China.

El Brexit no es un caso aislado en lo concerniente al orden mundial, dado que la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea genera un ambiente de incertidumbre económica para los países miembros del bloque y sus consecuentes efectos volátiles en la economía internacional por las soluciones que intentarían encontrarle, además de los problemas logísticos y jurídicos.

En este contexto, estamos presenciando una redistribución de poder en la estructura a nivel sistema que se ve conformado, por un lado, por el aumento de las capacidades materiales que vienen adquiriendo algunos grandes poderes, y por otro lado, por los diferentes procesos de interacción entre las unidades.

Esta relación existente entre estructura y proceso genera de por sí inestabilidad. Mientras continúe el proceso, mayor será la probabilidad de un desorden. Dado que muchas veces la falta de cumplimiento de las pautas internacionales por parte de estos grandes poderes deteriora las instituciones internacionales, los demás Estados pueden comenzar a detectar riesgos por la falta de previsibilidad de las normas o por la ambigüedad que estas generan al ser interpretadas por los grandes poderes a su conveniencia, por ejemplo ataques preventivos, recuperación de territorios que en el pasado les fueron quitados a un Estado.

Dan Ariely en su libro “¿Por qué mentimos?”, hace referencia a la necesidad del uso de cerraduras, que están diseñadas y preparadas por la defensa de un país para proteger aquello que las autoridades consideran necesario en un contexto internacional incierto y ambiguo. Esta referencia tiene que ver con que el mayor problema político, social y económico está en cómo utilizamos las oportunidades que se nos presentan. El autor explica que hay un 1% que hará todo lo posible por entrar y otro 1% que no entrará aunque este la puerta abierta. El problema está en el restante 98% que actuará en detrimento del interés del otro siempre que tenga la oportunidad. Y es en esta situación en la que se ve inmerso el sistema internacional, la que aumenta las “oportunidades del 98%”.

Como explica John Vazquez en su libro “What do we know about war”, las causas de la guerra se dan por diferentes motivos que sintetiza en las respuestas a estas cuatro preguntas: ¿Quién pelea con quién?; ¿Cuándo?; ¿Dónde?; y Por qué?

Como más arriba señalábamos, producto de la falta de previsibilidad de las normas y las fallas institucionales, los Estados comienzan a identificar riesgos, entendido como situaciones que uno enfrenta en función de lo que va a venir, algo indefinido, que eventualmente puede afectar, pero no constituye una amenaza (entendiendo como aquello que afecta a la seguridad nacional de cada Estado). Es posible que en el contexto de nebulosa estabilidad de poder en el que vivimos, donde estos Estados identifican riesgos, podamos pasar a responder alguna de las preguntas que formula John Vázquez, tomando como ejemplo a la Argentina en su condición de actor con altas vulnerabilidades en materia de defensa.

En cuanto a la primera pregunta (Quién pelea contra quién) podríamos identificar como un riesgo la proximidad geográfica tanto con Chile como con Gran Bretaña en tanto mantiene la ocupación del archipiélago del atlántico e intereses en la Antártida. Lo que genera un riesgo también son los puntos de fricción que lleva a los sentimientos de hostilidad. Años de frustración acumulados por la falta de resolución del conflicto Malvinas, a pesar de los incesantes reclamos por parte de la Argentina,  pueden aumentar la posibilidad de conflicto armado, como sucedió en 1982. La historia de disputas territoriales, tanto con Chile como con Gran Bretaña, generó entre los habitantes sentimientos de hostilidad que hoy en día persisten y podría ser caldo de cultivo para futuros intentos de cohesión social por parte de gobernantes interesados.

Van Evera nos dice que el balance ofensivo-defensivo, explica el surgimiento de las condiciones internacionales necesarias para que un estado se expanda mediante el uso de la fuerza militar, lo que le permite obtener ventajas decisivas sobre potenciales rivales. El equilibrio entre la ofensiva y la defensiva se encuentra influenciado por la geografía, la tecnología militar, las doctrinas que se desarrollan a partir de ellas, la estructura política nacional y los acuerdos diplomáticos.

Cuando los períodos son de inestabilidad como es el proceso que estamos pasando, se reafirma la pelea por los liderazgos. En este sentido y considerando las ventajas ofensivas que Gran Bretaña tiene sobre la Argentina, el Reino Unido no sólo podría reafirmar su posicionamiento sobre las islas del atlántico sur, sino que además podría expandir la zona de influencia sobre dicho territorio, producto de las vulnerabilidades argentinas que se ven afectadas por la omisión del Estado argentino en políticas de defensa.

Tomando la analogía que hace Battaleme sobre la cerradura de Dan Ariely, la cerradura de Argentina se encuentra extremadamente debilitada por años de influencia y acciones para mantener un status quo negativo para las Fuerzas Armadas, por lo que la vulnerabilidad en materia de defensa es evidente y conocida por todos los Estados y el caso del ARA SAN JUAN lo puso a la luz.

Las funciones de control y vigilancia de los territorios soberanos se hacen imposibles de cumplir, y la asignación de fuerzas y políticas necesarias para combatir de forma efectiva el riesgo que constituye el posicionamiento del Reino Unido en el archipiélago del atlántico sur están claramente fuera del alcance de Argentina por lo que las probabilidades de un conflicto armado son altas en el contexto antes referido y son las posibilidades las que deberían comenzar a tenerse en cuenta e incentivar a los dirigentes a comenzar a fortalecer el aparato militar, no solo para llevar a cabo los objetivos del Ministerio de defensa, sino también para empezar a establecer un balance interno de fuerzas y así disminuir los riesgos de dominación.

Guido Guazzaroni
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