La relación Rusia – Turquía: un desafío para la OTAN

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El pasado 8 de abril tuvo lugar en Moscú la reunión entre los presidentes de Rusia y Turquía, Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdoğan, quienes expresaron su voluntad de cooperar en múltiples áreas: economía, militar, energía, política, cultura y turismo entre otras.

Turquía, que estaba en vías de adquirir los aviones de combate norteamericanos F-35, dio la sorpresa y provocó el recelo de Washington cuando su presidente Erdoğan, mediante lo que parece ser un hecho consumado, confirmó el acuerdo suscripto en 2017 de adquirir un sofisticado sistema de misiles anti aéreos ruso por 2.500 millones de dólares que comenzarán a ser instalados en Julio de este año. Se trata de los S-400 “Triunf”, uno de los sistemas tierra-aire más avanzados del mundo, que estará en manos de Turquía pese a haber recibido la sugerencia por parte de los Estados Unidos de comprar el sistema antiaéreo americano “Patriot”.

En Washington se observa este acuerdo como un claro desafío no solo a las relaciones con Estados Unidos sino también a la estabilidad de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) puesto que el acuerdo es con quien fuera el máximo enemigo de la Organización, Rusia. También se ha intentado desde Washington frenar este acuerdo alegando que dicho sistema anti aéreo era incompatible con los aviones F-35 que Estados Unidos suministraba como principal avión a la OTAN, y que, por lo tanto, en palabras del vicepresidente Mike Pence, Erdoğan deberá elegir entre uno o el otro, o la OTAN, o aliarse con Rusia. Además de aludir la incompatibilidad del sistema de defensa con los aviones F-35 y al riesgo que representa que Rusia obtenga secretos militares de dichos aviones, Washington amenaza a Ankara con imponer sanciones militares y económicas.

Lo que se observa principalmente de este acuerdo, es que, tanto para Estados Unidos como para la Unión Europea, Turquía es un miembro poco confiable para la OTAN. Y que Turquía, pese a las presiones que Estados Unidos le impuso, ha comenzado a optar por establecer relaciones en materia de cooperación técnico-militar con Rusia, que sin duda tendrán importantes consecuencias. Se dice que la compra de los S-400 es apenas un primer paso en la cooperación militar con Rusia, y que el radar que posee OTAN en Kurecik (Turquía) no es compatible con el radar que necesita el S-400, y por ende debe retirarse. Además, como señaló el ministro de relaciones exteriores turco Mevlut Cavusoglu, si Estados Unidos frena la venta de las 100 unidades de aviones F-35 a Turquía, que serán entregados hasta 2023, el país optará por comprar los aviones rusos Su-57 y Su-34 en reemplazo. En lo que respecta a Rusia, algunos portales de actualidad internacional catalogan el acuerdo como una “jugada maestra” por parte de Vladimir Putin, quien ha logrado capitalizar la desconfianza de Erdoğan hacia Washington para perturbar y tensionar la alianza de la OTAN. Según Stephen Walt (1985), hay una forma que tienen las potencias de atraer aliados denominada como “soborno internacional”, que consiste en proveer militar y económicamente a otros actores para tornarlos en aliados, y es precisamente la jugada que parece estar intentando realizar Rusia, que necesita a Turquía para garantizar su seguridad en el mar negro.

Por otro lado, se puede decir que este método de ganar aliados es poco efectivo dado que quien recibe la ayuda, en este caso Turquía, está en una posición muy ventajosa para negociar y obtener beneficios de las grandes potencias, con lo que según Walt, los Estados clientes pueden rápidamente amenazar con cambiar de proveedor si notan que sus intereses no están siendo cumplidos o satisfechos, tal como lo está haciendo Turquía con Estados Unidos al acordar la compra de armas a Rusia, lo que demuestra la posibilidad de que Turquía pueda también amenazar a Rusia en un futuro con volver a negociar con occidente.

La pregunta que surge entonces esta en ¿Cuáles fueron los principales hechos que llevaron a Erdoğan a una situación de descontento frente a sus aliados occidentales, principalmente frente a Estados Unidos? En primer lugar, se puede decir que la estrategia seguida por Turquía conocida como Movilidad social (Welch Larson y Schevchenko, 2010), de imitar y emular a las potencias occidentales, no obtuvo los resultados esperados puesto que, en el club de Bruselas (Unión Europea), formado por países con mayoría cristiana, nunca logró ser aceptado un país como Turquía, con mayoría musulmana. Por otro lado, se puede argumentar que el líder turco parece no estar a gusto con el trato que recibe de Estados Unidos, quien sigue teniendo como favoritos en medio oriente a Israel y Arabia Saudita. Por último, el recelo de los turcos parte también del apoyo que Estados Unidos les ha brindado a los combatientes kurdos en Siria, sumado a la negativa de extradición del principal opositor político de Erdoğan, Fethullah Gulen, quien está acusado de estar detrás del intento de golpe de Estado en Turquía en 2016.

Esos recelos son los que llevaron al país a ser un Estado “insatisfecho”, como sostiene Walt, lo que derivó en que Turquía este amenazando, o bien consumando, un cambio de proveedor de armamentos.

El acuerdo por los misiles es apenas una pequeña muestra del acercamiento que Turquía está teniendo con Rusia. Parece ser que Erdoğan ha tomado una decisión, y está intentando reforzar un sentimiento nacional en Turquía, que es profundamente anti americano y anti occidental. Por otro lado, si la decisión de Erdoğan finalmente se ejecuta, los costos de enfrentar las sanciones económicas que Estados Unidos le imponga serán demasiado altos para Turquía. Restará ver si Turquía adopta una postura más revisionista, o si se mantiene en una lógica de estatus quo, si Erdoğan decide seguir el rastro del león, o del lobo.

Gastón Brizuela
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