Los Estados piden permiso

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La visión estadounidense de Robert Cooper en “The Breaking of Nations: Order and Chaos in the XXI first century” refiere al hegemón voluntario que no intenta dominar, pero controla, la política internacional, ya que su ayuda es voluntaria porque provee protección a sus aliados y estos le brindan bases y soporte. En el caso de que estos, no se comporten de tal manera, quedarían totalmente aislados de la órbita de los Estados Unidos, y, por ende, del sistema internacional. En otras palabras, el orden mundial depende de ésta potencia completa conocida como los Estados Unidos, por ser el único con estrategia global e independiente de otro Estado, delimitada por el uso y el control de la fuerza y sus alianzas estratégicas.

Siguiendo la lógica de este autor en relación al nuevo orden mundial, a los Estados Unidos se lo puede considerar como un “Estado moderno”, con características de “Estado posmoderno”, sin excluir la posibilidad de retroceder en lugar de siempre evolucionar. Ésta potencia retiene el monopolio de la legítima violencia y se encuentra en condiciones de usarla contra otros, además es capaz de reconocer su soberanía estatal y de contar con una clara distinción de los asuntos domésticos e internacionales.

En el “mundo posmoderno” con el que los Estados Unidos comparten atributos, las instituciones se esmeran por firmar tratados, poniendo el foco en la transparencia mutua para poder generar cierto nivel de confianza con enemigos y así, poder coexistir con los oponentes, producido como consecuencia de la vulnerabilidad sufrida en la era nuclear. Es por esta razón que ratifica tratados de libre comercio, tratados bilaterales de inversión, y a su vez es partícipe de organizaciones en conjunto con otros poderes.

Por otra parte, esta potencia necesita el aval de otros países, al menos en occidente, para reconocerla como súperpotencia, en términos de Barry Buzan, ya que en muchos casos su accionar se podría encontrar limitado. Las limitaciones se ven reflejadas por ejemplo, en los artículos de la Carta de la Organización de Naciones Unidas que hacen referencia a la libre determinación de los pueblos (artículo 1, párrafo 2) y, a la prohibición de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza en las relaciones internacionales (artículo 2, párrafo 4). De otra forma, sin estas estrategias de vinculación con otros poderes, no puede ni podría seguir posicionándose internacionalmente como tal. No es menor aclarar el papel que dicho pais desempeña en la Organización de Naciones Unidas como miembro permanente del consejo de seguridad, donde goza del derecho a veto.

La institucionalidad deseada en un “mundo post moderno” planteada anteriormente, en el caso concreto de los Estados Unidos, se contempla en la Organización del Tratado del Atlántico Norte firmada el 4 de abril de 1949, en Washington durante la presidencia de Harry S. Truman. Se percibe como una forma de compromiso en términos de defensa mutua y en un escenario de agresión armada contra cualquiera de los países miembros de la organización.

Además de los aspectos militares, este poder intentó tener injerencia en un plano más político y diplomático en el marco de la Guerra Fría. Recientemente, la OTAN reforzó su presencia en el Mar Negro, donde se encuentra Rusia, Ucrania y Georgia. En ese mar, tres países son de la organización: Turquía, Bulgaria y Rumanía, por ende se quiere ayudar a Georgia y Ucrania a mejorar sus fuerzas navales pensándolo a Rusia en términos de “enemigo” de Estados Unidos con quien estos países se relacionan por su disposición geográfica.

Actualmente, en relación a esta organización de seguridad transatlántica se continúa viendo reflejada la hegemonía del poder presidido por Donald Trump. Se teme su ruptura ya que los Estados Unidos al ser el máximo aliado, conllevarían a un colapso de la organización. Lo que no pasaría con el Brexit, los resultados no serían la desintegración total. Parte de tal modelo de integración se hace evidente cuando el actual presidente dio como concluido la participación de su país en el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP). A la vez que se intentó, el año pasado, realizar una renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) el cual sigue vigente, en conjunto con México y Canadá (T-MEC) con fines de libre comercio e inversionista entre estos tres países.

Es posible aplicar la teoría de la polaridad a nivel global haciendo alusión al hegemón voluntario, ya que en principio se aplica a la política internacional europea. El sistema internacional anárquico caracterizado por la búsqueda de hegemonía y autonomía en términos de decisión, se lo puede jerarquizar de tres formas distintas en un esquema tripartito, según Barry Buzan en “The United States and The Great Powers” en base a superpoderes, grandes poderes y poderes regionales. Por lo cual, claro está, la percepción mundial de la categoría aplicada a Estados Unidos, es decir, como potencia completa con capacidades difundidas a lo largo de todo el sistema internacional.

El status internacional percibido como fuente de estabilidad obtenido por esta potencia lo determinan tanto sus capacidades políticas, militares, como tambien la economía, capaz de sostener la estructura y su alcance global: es el segundo país del mundo, detrás de Rusia, con mayor número de armas nucleares, caracterizado por un despliegue global, sin limitantes materiales. Por otra parte, la expansión económica es irregular desde la crisis financiera del 2008 y hay una gran incertidumbre en las proyecciones del actual presidente por las medidas alcanzadas como la creación de nuevos puestos de empleo (196.000), la amplia reforma fiscal la cual tiene el objetivo de reducir la tasa federal de impuestos hacia aquellas fuentes de mayores ingresos como los funcionarios y grandes corporaciones multinacionales. Sin embargo, estas cuestiones económicas van en paralelo con el índice del PBI según el Banco Mundial, siendo 19,39 billones, así como también se descarta la posibilidad de una recesión económica. En adición, su alcance global se presenta condicionado con aquello que los demás Estados de la comunidad internacional percibe.

Tal es la preeminencia internacional, que en la agenda de los Estados eventualmente se encuentra el debate sobre la intervención de Estados Unidos en otros países, más específicamente en Venezuela. Siguiendo con la lógica de Stephen Van Evera en “Causes of War: Power and the Roots of Conflicts” Estados Unidos hoy en día cuenta con los recursos suficientes para realizar dicha intervención: la tecnología militar, su gran poderío militar, se lo facilitarían, al igual que la distribución geografía, ya que se encuentra en el mismo continente y tiene menos obstáculos naturales que si estuviese del otro lado del America. En relación a los factores diplomáticos, éstos podrían determinar una ayuda si otros países de la región apoyan la decisión en pos de buscar el status quo en nuestro país vecino. A su vez, se podría pensar que la intervención es pensada en términos humanitarios según el autor citado anteriormente, pero de todas formas, sigue considerándose una maniobra peligrosa para quienes deciden intervenir, motivada por poder e intereses, es decir, por motivos altruistas. Por lo cual, se podría argumentar que Estados Unidos intervendría si realmente proporciona un beneficio para el mismo.

Otro factor que determina la importancia a nivel internacional de Estados Unidos es la lucha que presentan otros países por el reconocimiento y aceptación de esta primera potencia. Un claro ejemplo es China, desarrollado por Deborah Welch y Alexei Schevchenko en “Status Seeker: Chinese and Russian responde to US supremacy” donde se plantea la importancia de los Estados Unidos en el reconocimiento del ascenso de este poder. China eligió la estrategia de creatividad social requiriendo la aceptación de los demás para poder ganar reconocimiento de parte de Occidente, es decir, intentar lograr un prestigio pero en una dimensión distinta con otro modelo. Se torna necesario la validación del poder dominante para tener éxito.

En conclusión, a pesar de las diferentes formas de catalogar el status de los Estados Unidos, ya sea como un súper poder o un hegemón voluntario (en el esquema tripartito planteado por Buzan), es indiscutible que hay un único súper poder a nivel sistémico, mientras que determinar cuáles son los grandes poderes y poderes regionales depende donde uno se sitúe geográficamente. El status quo del sistema internacional está provisto por éste hegemonico pais al buscar maximizar sus beneficios.

Sofia Daglio

Autor

Sofía Daglio

Estudiante de Gobierno y Relaciones Internacionales - UADE

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