Los riesgos del futuro de la Antártida Argentina.

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Habiéndose cumplido 115 años de presencia argentina en la Antártida y próximos al 50° Aniversario de la base Marambio el próximo octubre, cabe a lugar repasar el porqué de la importancia del continente helado para nuestro país y que riesgos acontecen sobre este.

Fue hace poco que, a través de twitter (*), integrantes de una base extranjera en la Antártida subieron una foto en la cual saludaban a los integrantes de una de las bases argentinas, siendo que el saludo fue a través de la red social del pájaro azul porque en la base argentina no se encontraba nadie para recibirlos.

La Antártida es de las pocas zonas de la tierra que no ha sido escenario de conflictos o guerras.

Gracias al Tratado Antártico de 1959 (TA de aquí en más) y el difícil acceso a los supuestos potenciales recursos dentro de la Antártida, las probabilidades de un conflicto sobre esta se han mantenido bajas. Una paz de casi 60 años pareciera confirmar esto.

El TA (1959) establece las reglas de juego dentro de la Antártida, a los fines de impedir el conflicto y fomentar las relaciones de cooperación entre los estados presentes. Este a su vez, no reconoce soberanía alguna de los estados sobre el territorio.

Pero los riesgos (Battaleme,2013) y posibilidades de conflicto están siempre presentes. La probabilidad de un conflicto se incrementaría en vistas de una futura escasez de recursos naturales, sumado a un aumento en las capacidades tecnológicas y extractivas de los estados, que podrían conducir a estos a estrategias más agresivas u ofensivas (Van Evera, 1999) en pos de acceder y explotar estos supuestos recursos.

Una vez se abra esta “caja de pandora”, ni los tratados internacionales, ni las instituciones, ni los arreglos de “cooperación internacional” con fines científicos sobre el continente impedirán el atropello e “imperio del más fuerte” sobre la Antártida.

Cabe aclarar que el antes mencionado escenario, refiere “al peor pensado”, uno en el cual la escasez de recursos (ya sean hidrocarburos o agua potable) es algo urgente, y no se ha logrado una sustitución y/o sustentabilidad efectiva; dando lugar a la existencia de una feroz competencia por estos.

No olvidemos que, a diferencia de las capacidades, que evolucionan lenta y paulatinamente, “las intenciones pueden cambiar de la noche a la mañana”.

Es por esto, que países como el nuestro no deben solo fiarse de las “buenas intenciones” de cooperación científica y en la supuesta imposibilidad o inviabilidad de extraer y explotar “las fabulosas riquezas” (termino especulativo usualmente empleado por la prensa) del continente blanco.

Citando a Sergio Rossi (biólogo marino español),

“Los científicos siempre han sido, queriéndolo o no, siendo o no conscientes, la punta de la espada de una potencial reclamación territorial en el continente blanco. (…) La existencia de bases está para indicar «estamos aquí, hemos invertido mucho dinero y ahora me toca una parte de la explotación».”

En este sentido, la Argentina junto con Chile, llevan le llevan la “delantera” al resto de países con presencia en la Antártida, en tanto son los países con más bases científicas permanentes y temporales (un total de 26).

Pero, cabe señalar que numero de bases científicas pertenecientes a países europeos es mayor, llegando a ser más de 40 en total.

El Enfoque del Institucionalismo liberal, parte del supuesto de que la existencia de “elementos de orden” como las instituciones internacionales o el derecho internacional, propician entornos de paz a través de coordinación y ulterior cooperación entre estados (Battaleme,2013).

Bajo esta premisa, mientras Argentina mantenga y sustente sus bases científicas en el territorio y el Tratado Antártico siga en pie (contrario a la creencia popular, este no tiene “fecha de caducidad” en 2048) y los estados asociados a este sigan respetándolo, las probabilidades de conflicto serán bajas.

De todas formas, la historia del hombre nos muestra otra imagen. No niego que las instituciones sean un elemento de orden en la “jungla” del sistema internacional y que la labor científica de nuestro país no tenga efectos sobre el reclamo de soberanía, pero ni instituciones como el TA (1959), ni la presencia y cooperación con fines científicos, por si solas serán un impedimento a un potencial conflicto una vez estén dadas las condiciones para que este tome lugar.

Cabe recordar que el TA (1959) no reconoce, ni niega, ni avala reclamo de soberanía alguno, sean previos o no a su creación. Y son siete los países que reclaman su soberanía sobre parte de la Antártida.

El reclamo de soberanía natural de Argentina sobre parte del territorio antártico data de 1942, cuando se delimitó el Sector Antártico Argentino –también denominado Antártida Argentina-, pero este reclamo se ve contradicho por los reclamos de Chile y Reino Unido, puesto que estos reclaman territorios que se superponen al reclamo argentino.

La seguridad hoy, es un concepto mucho más amplio que en el siglo pasado (Buzan,2009). La seguridad ya no es una cuestión estrictamente militar, la presencia y cooperación científica en la Antártida contribuyen en la consolidación del reclamo de soberanía, puesto que lo dotan de aún más legitimidad.

Pero el desarrollo de capacidades que respalden este reclamo, aun en el peor de los escenarios (de guerra o conflicto), sigue siendo necesario, puesto que las capacidades materiales son lo que respaldan todo lo que construimos sobre estas.

El desarrollo de capacidades materiales ya no es nuestra única preocupación, pero eso no significa que no den solución alguna, ni que hayan pasado al plano accesorio o secundario de cualquier reclamo o potencial conflicto.

Ni bien el TA de 1959 y el histórico e excepcional labor científico que ha hecho nuestro país sobre el continente blanco, han contribuido positivamente en el reclamo de soberanía nuestro país.

Es irresponsable creer que el TA (1959) y que la labor científica son la única barrera necesaria para que el reclamo argentino de soberanía no sea obstruido.

“Todo concluye al fin, nada puede escapar. Todo tiene un final, todo termina”, la historia nos demuestra ninguna paz fue para siempre, llegara el día en que uno o varios de los demás estados (ya sean empujados por la escasez de recursos o por altruismo), cruzaran la línea que delimita la paz, consecuentemente desatando consigo el conflicto.

Está en nosotros como país determinar en qué lado estaremos, si del lado de aquellos están preparados para el eventual conflicto o del lado de aquellos que “no la vieron venir”.

Citando un refrán de un autor desconocido,

“Es mejor ser un guerrero en un jardín, que un jardinero en una guerra”.

Varias han sido las veces y varios han sido los temas en donde nos vimos representados en el segundo grupo, esperemos que el futuro nos encuentre en el primero en cuanto a la cuestión de la Antártida.

Patricio Gonzalez
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