Mauritia, el nuevo continente

Sin comentarios

Bajo las aguas cristalinas de la isla Mauricio -ubicada en el suroeste del océano Índico- duermen desde hace millones de años los restos de un continente perdido. De hecho, un grupo de científicos ha confirmado el hallazgo de restos de la fragmentación del supercontinente Gondwana, que ocurrió hace 200 millones de años, para definir la constitución actual de la Tierra.


Los investigadores están convencidos de que se trata de una pequeña pieza del continente antiguo, que se rompió desde la isla de Madagascar, cuando África, India, Australia y la Antártida se separaron, según un estudio que se ha publicado en Nature Communications.

En este sentido, no viene mal recordar que la masa continental Gondwana surgió de la ruptura de un supercontinente aún más grande, Pangea, y es una de las más longevas de la historia del planeta, ya que se formó en los albores de la era Paleozoica y persistió hasta su desmembramiento en fragmentos continentales más pequeños hacia el final de dicha era, un periodo de unos 300 millones de años.

Los entendidos aseguran que “en el Pérmico (hace más de 250 millones de años) todas las masas continentales estaban reunidas en un único supercontinente, al que llamamos ahora Pangea. Hace unos 200 millones de años ésta se había partido en dos supercontinentes, Laurasia al norte y Gondwana al sur. Los separaba entonces el océano Tetis, que se extendía desde el sur de Asia, por la actual cuenca del Mediterráneo, hasta lo que conocemos hoy como América, separada en dos por sus aguas, pues Norteamérica estaba unida a Europa y Sudamérica a África”.

“Durante el Jurásico (hace más de 145 años) y el Cretácico, Gondwana fue escindiéndose y dio lugar a las masas continentales de las actuales Sudamérica, África, Australia, el Indostán, la isla de Madagascar y la Antártida, un proceso de partición y alejamiento que continuó durante el Cenozoico y todavía hoy en día permanece activo”.

VIAJE AL PASADO A TRAVÉS DE LOS CIRCONES

Expertos en el tema que nos ocupa subrayan que “una singular y espectacular formación geológica, las cuarcitas armoricanas del Ordovícico, potentes capas de lo que en su día fueron arenas de playa que formaban parte de Gondwana, se pueden ver en la actualidad en muchos puntos de España como, por ejemplo, al norte de Madrid”.

No obstante, los fragmentos resultantes de la ruptura del supercontinente aparecen hoy formando parte de África, América del Sur, Australia y Antártida -como se ha explicado anteriormente- pero también se encuentran en el hemisferio norte, en el sur de Europa y de Asia, de forma más reducida.

“Cuando las arenas que luego dieron lugar a las cuarcitas se formaron, eran inmensas y paradisíacas playas, pero no existía ningún ser vivo en la superficie emergida del planeta (ni animales ni plantas). La Tierra era un mundo yermo y rocoso, y sus habitantes sólo proliferaban en el inmenso mar que rodeaba Gondwana”, según manifiestan los científicos en un comunicado del IGME (Instituto Geológico y Minero de España).

Con todo, los geólogos han conseguido cartografiar las lindes de este supercontinente desaparecido, del que ahora solo vemos los restos erosionados y deformados por millones de años del lento devenir geológico, gracias a unos pequeños minerales -los circones- que permanecen incólumes a los procesos geológicos y permiten a los investigadores saber de dónde proceden los sedimentos o rocas donde ahora se encuentran.

UNA ISLA VOLCÁNICA JOVEN

El descubrimiento se produjo a partir de que sobre la superficie de Mauricio, una isla volcánica joven -de apenas nueve millones de años de edad-, había rocas (circonio) que databan de hace 3.000 millones de años. Una situación difícil de encajar.

Es más, el geólogo Lewis Ashwal, de la Universidad de Wits, autor principal de la investigación, y sus colegas Michael Wiedenbeck, del Centro Alemán de Investigación para las Geociencias (GFZ), y Trond Torsvik, de la Universidad de Oslo, han descubierto que dicho mineral, el circón, se encuentra en rocas arrojadas por lava durante las erupciones volcánicas. Pero los restos de este mineral eran demasiado antiguos para pertenecer a la isla de Mauricio.

“La Tierra está formada por dos partes: los continentes, que son viejos, y los océanos, que son jóvenes. En los continentes se encuentran rocas de más de 4.000 millones de años, pero no hay nada parecido en los océanos. Es donde se forman nuevas rocas”, explica en la misma línea Ashwal.

“Mauricio es una isla, y no hay roca de más de nueve millones de años en la isla; sin embargo, al estudiar las rocas de la isla, hemos encontrado circones que son tan viejos como 3.000 millones de años. El hecho de que hayamos encontrado circones de esta edad demuestra que en Mauricio existen materiales de la corteza terrestre mucho más antiguos, que solo pudieron originarse en otro continente”, añade el investigador.

CORROBORANDO RESULTADOS

Esta no es la primera vez que circones de miles de millones de años se han encontrado en la isla. Un estudio realizado en 2013 encontró rastros del mineral en la arena de la playa; sin embargo, el análisis recibió algunas críticas, incluyendo que el mineral podría haber sido llevado por el viento, transportado en los neumáticos de los vehículos o en los zapatos de los científicos.

“El hecho de que encontramos los circones antiguos en la roca (traquita de 6 millones de años), corrobora el estudio anterior y refuta cualquier sugerencia de circones aerotransportados o dirigidos por las olas para explicar los resultados anteriores”, agrega al respecto Ashwal.

Bajo esta perspectiva, Ashwal sugiere que hay muchas piezas de varios tamaños de “continente desconocido”, colectivamente llamado “Mauritia” y extendido bajo el Océano Índico o, en otras palabras, restos de la desintegración de Gondwana.

“De acuerdo con los nuevos resultados, esta ruptura no implicó una simple división del antiguo supercontinente de Gondwana, sino más bien una fragmentación compleja que tuvo lugar con partes de corteza continental de tamaños variables dejados a la deriva dentro de la cuenca del Océano Índico en evolución”, concluye el científico.

Susana Gil Rodríguez

Autor

Susana Gil Rodríguez

Licenciada en Ciencias de la Información, Rama Periodismo (Universidad San Pablo CEU de Madrid). Redactora en múltiples medios periodísticos de índole nacional e internacional

Up Next

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.