¿Por qué China y Rusia siguen apoyando a Maduro?

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Venezuela se encuentra sumida en una crisis institucional, política, social y económica que ya ha generado millones de desplazados y miles de muertos. Nicolás Maduro ha decidido aferrarse al poder a pesar de las multitudinarias marchas opositoras, una economía en recesión, desempleo, desabastecimiento y una inflación galopante. Hasta el momento, el régimen chavista ha logrado resistir, en gran medida gracias al apoyo de las Fuerzas Armadas y de algunos actores internacionales, entre los que se destacan China y Rusia.

China ha encontrado en Venezuela el principal puerto de entrada a América Latina de sus exportaciones militares, siendo el principal y casi único país que suministró armamento a Caracas en 2016 y 2017 por varios millones de dólares. Rusia, por su parte, vendió a Venezuela el 65% de las armas que adquirió en la última década. El régimen de Maduro ha sido uno de los principales compradores de la tecnología militar de ambas potencias en los últimos años. Si bien ha reducido sus adquisiciones en los últimos años a causa de la crisis, se mantiene como el principal importador latinoamericano de armas de la última década.

Los posibles impactos de una restitución democrática en Venezuela sobre los niveles de producción y los precios del petróleo a nivel internacional también son una cuestión a considerar. Si bien cuenta con las reservas más grandes de crudo del mundo, la producción venezolana ha disminuido a menos de la mitad de su potencial. La consolidación de un nuevo gobierno que reestablezca la producción, disminuyendo el precio internacional del crudo, impactaría de forma directa sobre la economía rusa.

Finalmente, cabe destacar la enorme deuda que Caracas acumuló con ambas potencias, principalmente por millonarios acuerdos de inversión durante la última década, caracterizados por acusaciones de corrupción y malversación de fondos. En su última gira por Moscú, por ejemplo, Maduro anunció nuevos acuerdos con inversiones por 6000 millones de dólares en proyectos conjuntos en los sectores petrolero y aurífero. Es probable que un nuevo gobierno revise a fondo varios de estos acuerdos.

Queda claro que para las grandes potencias, las afinidades ideológicas sólo toman fuerza cuando acompañan consideraciones estratégicas. Como indica un famoso mantra reiterado a lo largo de la historia, los estados no tienen amigos o enemigos permanentes, solo intereses permanentes.

Artículo original publicado el 28/01/2019 en Clarín Digital

Lautaro Nahuel Rubbi

Autor

Lautaro Nahuel Rubbi

Lic. en Gobierno y Relaciones Internacionales (UADE) - Lic. en Política y Administración Pública (UADE) - Posgrado en Seguridad Internacional, Desarme y No Proliferación (NPSGlobal) - Mg. en Estudios Internacionales (UTDT) - Candidato a Dr. en Estudios Internacionales (UTDT) - Becario doctoral del CONICET Lrubbi@estadointernacional.com

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