Recorrido por el viejo continente

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Se ha inaugurado en Bruselas la Casa de la Historia Europea, a muy corta distancia de las instituciones comunitarias, con el objetivo de dar luz al recorrido del continente. Gratuito y abierto los siete días de la semana, su puesta en marcha ha costado a las arcas europeas 56 millones de euros.


La iniciativa se propone hacer meditar a los ciudadanos y miles de escolares que cruzarán sus puertas sobre lo que Europa dejó atrás y lo que está por venir; es más, fomentar el recuerdo como barrera mental contra el extremismo. “Queremos que reflexionen sobre el futuro con sabiduría y confianza. Un futuro que hoy parece difícil y plagado de amenazas”, afirma Hans-Gert Pöttering, presidente e impulsor del proyecto.

Tal y como comenta Alvaro Sánchez, “la exposición empieza en un siglo XIX marcado por la revolución industrial y las guerras napoleónicas antes de adentrarse en el convulso siglo XX. Si los objetos sirven para describir una época, los que guarda el museo corroboran un periodo indudablemente sombrío en su primera mitad: máscaras antigás de la I Guerra Mundial; periódicos del día después del crack bursátil de Wall Street en 1929 -cuyos efectos también sufrió Europa-; ejemplares de Mi Lucha, el libro que Adolf Hitler escribió, base de la ideología nacionalsocialista, en varios idiomas; y también armas, uniformes nazis o los brazaletes que obligaron a portar a los judíos como recordatorio del holocausto que sufrieron durante la II Guerra Mundial, el mayor conflicto nunca antes visto con 60 millones de muertos, dos tercios de ellos civiles”.

“Para la segunda parte del siglo, hay referencias a la creación de instituciones militares como la OTAN e, igualmente, pancartas que rememoran la fuerza de los movimientos ciudadanos. Pacifistas, ecologistas -especialmente combativos contra las centrales nucleares-, o feministas, con la reivindicación de la legalización del aborto como bandera”.

De hecho, “en esa segunda parte del siglo XX se presenta la paz como una conquista con matices. Una pistola de la banda terrorista alemana Fracción del Ejército Rojo aparece junto a menciones a la violencia etarra. Además, numerosas imágenes y objetos dejan constancia de la lucha del Este europeo por liberarse del totalitarismo soviético. Entre ellos, un juego de llaves que agitaron manifestantes en Praga en 1989 para exigir la marcha de las autoridades comunistas de su país, la extinta Checoslovaquia. Un par de años más tarde comenzaría la guerra de los Balcanes, la última gran carnicería europea”, añade.

De forma paralela, el periodista español pone de manifiesto que “la muestra es la constatación del éxito de la integración europea durante décadas de sucesivas ampliaciones. Y de cómo el germen de su gran fracaso, el Brexit, el primer adiós de un socio comunitario, aparecía ya en las críticas de algunos diarios a la pérdida de soberanía en favor de un organismo supranacional. “El fin de Reino Unido”, titulaba en 2005 el tabloide sensacionalista británico Daily Express.

BREXIT, EL PRIMER ESLABÓN PERDIDO DE EUROPA

El reloj del Brexit ya está en marcha. Y Europa endurece su posición: empezará hablando de dinero, de Irlanda y tiene ya una lista de derechos de los europeos en las islas (y de los británicos en la UE). Resultado de imagen para brexitSolo cuando haya “avances suficientes” en esos asuntos se negociará la futura relación comercial de Reino Unido y Europa, la gran obsesión de Londres.

En este sentido, no hay que olvidar que los Veintisiete gobiernos comunitarios están decididos a mostrar a Londres que las deserciones tienen un coste. Claudi Pérez, experto en el tema, sostiene que “las directrices de la negociación dejan claro que si Reino Unido pretende beneficiarse de un futuro acuerdo de asociación con Europa, primero tendrá que pagar las facturas pendientes -de 40.000 a 60.000 millones, según las primeras estimaciones- y garantizar los derechos de los tres millones de ciudadanos de la UE que viven en las islas (y como contrapartida, la Unión garantizará los del millón y medio de británicos en suelo continental).

“Reino Unido es la segunda economía de Europa y uno de los mayores contribuyentes netos: unos 10.000 millones al año. Así pues, la UE tendrá que funcionar con 10.000 millones anuales menos u obligar a las capitales a poner el dinero. Los contribuyentes netos (los socios más ricos) no quieren oír hablar de eso; por su parte, los receptores advierten que no tolerarán rebajas en lo que perciben”, agrega Pérez al respecto. “La unidad mostrada es sorprendente, pero cuando se planteen las cuestiones presupuestarias habrá problemas”, se sincera Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea.

Los analistas también aseguran que será una negociación por fases, en la que el futuro acuerdo comercial tardará en empezar a discutirse: justo lo contrario de lo que quería Londres. Y Europa ni siquiera evita poner el dedo en el ojo en asuntos espinosos, como Gibraltar y la reunificación de Irlanda.

“Los británicos no deberían hacerse ilusiones acerca de un acuerdo rápido que les permita el acceso al enorme mercado interior de la UE, afirma la canciller Angela Merkel. Mientras, el francés François Hollande, subraya que “el adiós a la UE tiene un precio”. Finalmente, Juncker resume que “los británicos han subestimado las dificultades”.

BRUSELAS, ANTE EL PRECIPICIO

La indiferencia o el desencuentro ante la condición de capital europea de Bruselas son sentimientos usuales entre sus ciudadanos. “Las instituciones comunitarias se construyeron sin un proyecto urbano, como edificios y administraciones aisladas”, explica Eric Corijn, sociólogo y filósofo de la Universidad Libre de Bruselas. “Nunca han reflexionado sobre cómo construir la capitalidad de Europa. No hay centros culturales europeos, ni festivales de teatro o arte europeo”.

Con todo, el impacto económico de los cerca de 40.000 funcionarios que trabajan en la capital se deja sentir de varias formas. “Para la economía de Bruselas es positivo, pero no pagan impuestos en Bélgica y necesitan servicios”, contrapone el profesor Corijn. Los que viven en la ciudad cuentan con un poder adquisitivo alto y han hecho del barrio europeo un territorio inabordable para parte de la población al elevar el precio de las viviendas, pero su presencia también genera beneficios: “es un prestigio para la ciudad tener las instituciones, y podemos suponer que atrae a empresas y multinacionales, lo que aumenta el potencial de creación de empleo”, concede  Juan Latorre, coordinador del programa de cohesión social de Schaerbeek.

No obstante, la región de Bruselas recibirá de Europa 95 millones de euros en fondos FEDER al desarrollo en el periodo 2014-2020, con los programas de empleo e integración de inmigrantes como grandes receptores de esas ayudas. Pese a ser la zona más rica del país y una de las más prósperas, vive una paradoja que sus mismas autoridades reconocen: “Bruselas se beneficia muy poco de la riqueza que produce, especialmente por la problemática de los trabajadores desplazados. Más de la mitad de los empleados viven fuera de la ciudad”, indica un documento de la región, que admite que uno de cada tres de sus habitantes vive en riesgo de pobreza.

“A las instituciones las vemos muy de lejos, como la Europa de los ricos. Es una Europa que está por encima. No vemos esa Europa tan bonita cuando trabajamos con los jóvenes”, lamenta Juan Carlos Pérez, de 58 años, responsable de un gimnasio. Sin embargo, en el barrio europeo la percepción es diferente. “Por supuesto que es positivo que las instituciones comunitarias estén aquí. Hay una vida cultural más variada, es una ciudad más internacional”, apoya Christian Sindic, neurólogo de 66 años que trabaja junto a los organismos comunitarios.

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Susana Gil Rodríguez

Autor

Susana Gil Rodríguez

Licenciada en Ciencias de la Información, Rama Periodismo (Universidad San Pablo CEU de Madrid). Redactora en múltiples medios periodísticos de índole nacional e internacional

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