¿Una vuelta al mundo moderno?

Sin comentarios

Desde su creación, la Unión Europea ha representado siempre el ideal de integración política y económica del que escriben analistas y estudiosos y al que apuntan los políticos y diplomáticos en sus propias iniciativas de integración regional. Sin embargo, este modelo de integración se encuentra en su mayor crisis con la inminente salida de Reino Unido, y ante dicho proceso cabe preguntarse cuál es el futuro del multilateralismo.

Cooper plantea que los estados modernos según la definición Weberiana (espacio territorial con el monopolio de la fuerza física legitima) colapsaron, pero en lugar de generar un nuevo desorden internacional, el resultado fue el orden posmoderno. A partir del Tratado de Roma y el Tratado sobre fuerzas convencionales en Europa se construyó un nuevo orden mundial basado en la integración y la apertura, en lugar del orden imperial o de balance de poderes nacionales propios del viejo orden.

El resultado es el de un mundo en el que el éxito depende de la apertura de los estados, la transnacionalización y la cooperación. Nadie obliga a los estados a acatar estas reglas o a pagar las tasas que les son impuestas, lo hacen porque los intereses de sus estados individuales son protegidas al crear un sistema colectivo que funciona. Y en este sistema, no hay una separaciòn de los asuntos internos y externos, sino que hay una mutua interferencia; ni tampoco un monopolio de la fuerza, que en su lugar responde a restricciones internacionales autoimpuestas por el sistema.

Si repasamos el proceso desde una perspectiva teórica, tal como plantea Balassa, la integración regional que da como resultado al mundo posmoderno comienza con la liberalización comercial, a partir de zonas de libre comercio; luego llega la creación de una única aduana regional, que exige a los países miembros que renuncien a esta función soberana; posteriormente se desarrolla el mercado común, permitiendo que las inversiones, trabajadores, y factores productivos se movilicen con fluidez en la región; y finalmente, a partir de la unificación de las políticas macroeconómicas, una moneda única, impuestos unificados, etc., se llega a la unión económica y a la integración total.

En este modelo teórico de integración, la Unión Europea es el modelo ideal por sus avances y resultados en los últimos 70 años que la llevan al más avanzado caso empírico. Haciendo una lectura rápida, ASEAN en el sudeste asiático y ALALC-ALADI en América Latina, son ejemplos de experiencias de integración que se inspiraron en el modelo europeo, pero no llegaron a consolidarse y profundizarse.

En la historia de este modelo que logró desarrollarse con éxito hasta ahora, inspirando otros procesos de integración, el Brexit es el primer y mayor retroceso. Por primera vez la Unión Europea pierde a un miembro, y no a un miembro cualquiera. El Reino Unido está entre las primeras 10 economías del planeta, es uno de los pocos países del mundo con arsenal militar nuclear y tiene asiento permanente en el Consejo de Seguridad.

En este sentido, las pérdidas del Brexit van más allá de lo que le costará a la Unión Europea y a Reino Unido negociar la salida, y las pérdidas económicas que sufrirá la economía británica. La Unión Europea tendrá que reinventarse y será más pequeña, pero, como apuntan desde hace años dirigentes políticos y analistas del continente, también más coherente y más sólida porque Londres fue tradicionalmente la capital que ponía obstáculos a muchas iniciativas del bloque. Pero, además, la salida de Reino Unido (si es relativamente exitosa) podría fomentar intentos de separación de otros estados, como es el caso de Grecia, Irlanda, Holanda e Italia.

Latinoamérica siempre miró con deseo la integración europea, pensando que si establecíamos nuestros propios modelos podríamos dejar atrás el subdesarrollo; creíamos en la integración económica y la cooperación para alcanzar el desarrollo de nuestros estados. Pero nuestras propias experiencias fallidas (Unasur, por ejemplo), sumado al fracaso del Brexit dejan al sistema internacional con poca fe en el multilateralismo y los procesos de integración, lo que presentará un desafío.

En cuanto al orden posmoderno tal como lo plantea Cooper, el modelo de integración de la Unión Europea retó a una tradición de varios siglos de estados y relaciones internacionales centrados en la soberanía y supremacía estatal. La integración regional no solo produce efectos económicos, también afecta la lógica de la política. Y se puede interpretar el Brexit como un fracaso de la Unión Europea en este sentido, porque que parte de la razón por la que piden el “divorcio” del modelo se debe a que los ciudadanos británicos quieren recuperar la soberanía para decidir en ciertos temas, como es el caso de la inmigración frente a las crisis internacionales.

En conclusión, cuál es el camino de salida que se negocie entre Reino Unido y la Unión Europea determinará hasta que punto habrá una ruptura del modelo del mundo posmoderno.

Camila Russmann

Autor

Camila Russmann

Estudiante en Lic en Gobierno y Relaciones Internacionales - UADE

Up Next

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.